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LH- I VÍSPERAS- Santa Luisa

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I VÍSPERAS

Himno

La mujer fuerte
puso en Dios su esperanza.
Dios la sostiene.

Hizo del templo su casa;
mantuvo ardiendo su lámpara.
En la mesa de los hijos,
hizo a los pobres un sitio.

Guardó memoria a sus muertos;
gastó en los vivos su tiempo.
Sirvió, consoló, dio fuerzas;
guardó para sí sus penas.

Vistió el dolor de plegaria;
la soledad, de esperanza.

Y Dios la cubrió de gloria
como de un velo de bodas.

La mujer fuerte
puso en Dios su esperanza:
Dios la sostiene. Amén.


Ant. 1. Bendito el nombre del Señor, que en su sierva manifestó su amor.

Salmo 122 - EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,

como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. Bendito el nombre del Señor, que en su sierva manifestó su amor.

Ant. 2. Alaba al Señor, Jerusalén, que colma de bienes a tus pobres.

Salmo 147 - RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2. Alaba al Señor, Jerusalén, que colma de bienes a tus pobres.

Ant. 3. El Señor te prefiere a tí, y tu Dios encontrará la alegría contigo.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN - Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3. El Señor te prefiere a tí, y tu Dios encontrará la alegría contigo.


LECTURA BREVE Sant. 1, 26-27

Hay quien se cree religioso y no tiene a raya su lengua; pero se engaña, su religión es vacía. La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.


RESPONSORIO

V/ Me gozaré y alegraré en tu misericordia. 

R/ Me gozaré y alegraré en tu misericordia. 

V/ Porque has mirado mi aflicción. 

R/ En tu misericordia.

V/Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

R/ Me gozaré y alegraré en tu misericordia. 


Magníficat, ant.: El que se compadece del pobre será feliz; el que cree en el Señor ama la misericordia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Magníficat, ant.: El que se compadece del pobre será feliz; el que cree en el Señor ama la misericordia.


PRECES

Dirijamos, en unión con Santa Luisa de Marillac, esta súplica a Dios que vive entre nosotros y que por la acción del Espíritu Santo nos va modelando en el amor:

Aumenta en nosotros, Señor, tu misericordia.

Haz Señor, que los cristianos creamos más intensamente
-y sepamos cultivar entre nosotros un amor sincero.

Que aprendamos a reconocer a todos como hijos tuyos,
-y nos esforcemos por su bien con espíritu de hermandad.

Enséñanos a dominar la codicia de los bienes materiales,
-y haz que contribuyamos a extirpar la necesidad de los más pobres.

Haz Señor, que descubramos en cada ser humano la dignidad de un redimido por la sangre de tu Hijo,
-e impulsemos la libertad y el desarrollo con un auténtico compromiso cristiano.

Te pedimos, Señor que aceptes en tu Reino a todos nuestros hermanos difuntos,
-que te sirvieron prestando servicios al prójimo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre, repitiendo la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Oh Dios, fuente y premio de la caridad, que por medio de tu Hijo hecho hombre entregaste a la Iglesia el mandamiento del amor; te pedimos que, siguiendo los ejemplos de Santa Luisa de Marillac, manifestemos tu caridad sobre la tierra y merezcamos conseguir un día el Reino prometido a tus elegidos. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén. 

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Posted in Liturgia de las Horas

Tags: Liturgia de las Horas, , Santa Luisa de Marillac,

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