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Los Papas y la Medalla Milagrosa

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GREGORIO XVI autorizó acuñar la medalla para toda la Iglesia. El mismo la colocó sobre su mesa de estudio, al pie del crucifijo y la daba a las muchas personas que le visitaban.


BEATO PIO IX aprobó la Archicofradía de la Medalla Milagrosa en la Parroquia de San Ginés de Madrid, en febrero de 1845. Este Pontífice impulsó la propagación de la medalla que siempre consideró como preanuncio del dogma de la Inmaculada Concepción. Pío IX fue quien aprobó que pudiera instituirse en todo el mundo la Asociación de Hijas de María, usando como emblema la Medalla Milagrosa.


LEON XIII es el Pontífice que más privilegios ha otorgado a la medalla. El primero fue conceder 300 días de indulgencias, a cuantos dijeran cuatro invocaciones, tres veces al día la jaculatoria; ¡Oh María, sin pecado. . .! Este Pontífice instituyó en 1894 la fiesta del 27 de noviembre y concedió indulgencia plenaria a todos los fieles que arrepentidos, confesados y habiendo comulgado, visitaran en dicho día cualquier iglesia u oratorio unido a las casas de los Misioneros Vicentinos o de las Hijas de la Caridad.


SAN PIO X Aprobó la Asociación de la Medalla Milagrosa el 8 de junio de 1909.


BENEDICTO XV enriqueció también con privilegios especiales la Medalla Milagrosa, entre otros, 100 días de indulgencia "sólo" por llevar puesta la Medalla Milagrosa.


PIO XI concedió 300 días de indulgencia a todos los fieles cuantas veces reciten la jaculatoria: ¡Oh María, sin pecado. . .! Este Pontífice sentía gran entusiasmo por la imagen de la Milagrosa, en la primera fase de su segunda aparición, sosteniendo el globo terráqueo en sus manos. Y fue él quien la intituló REINA DE LAS MISIONES Y REINA DEL MUNDO.


VENERABLE PIO XII no dudó en canonizar a sor Catalina Labouré la Vidente de la Virgen e instrumento inmediato para la acuñación de la medalla. Su canonización es la aprobación indirecta, pero irrebatible de la veracidad y autenticidad de la medalla.


SAN JUAN XXIII fue el gran devoto de la Milagrosa, quien cuando apenas era ayudante de la Congregación de Propaganda Fide supo convencer a todos para que Nuestra Señora del Globo (la Milagrosa en su primera aparición del 27 de noviembre) fuese reconocida y proclamada como Reina de las Misiones. Y cuando era Nuncio en París iba con frecuencia a orar ante el altar de Nuestra Señora en la Rue du Bac.


BEATO PABLO VI enriqueció el culto a la Virgen Milagrosa otorgando nuevas y múltiples indulgencias a cuantos asistan un día siquiera a los Triduos o Novenarios en su honor o lleven esta sagrada medalla.


SAN JUAN PABLO II en su gran amor a María en su visita apostólica a París estuvo en la capilla de las apariciones el 31 de mayo de 1980, oró ante el altar de la Virgen Milagrosa y ante la tumba de Santa Catalina Labouré y desde allí pronunció a la Virgen una hermosa plegaria.

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