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Devocionario de la Medalla Milagrosa

Por: P. Marlio Nasayó Liévano, CM

devocionario milagrosa

Introducción:

Con ocasión del cincuentenario de nuestro filosofado Vicentino de Medellín, que tiene como patrona a la Virgen Milagrosa; hemos pensado tener en cuenta esta efemérides para rendir un homenaje de gratitud a tan Buena Madre, con la publicación de una nueva edición del devocionario en su honor.

Buscando en los archivos de la Comunidad, encontramos tres ediciones anteriores: la primera que no tiene fecha, ni edición, ni introducción alguna. Algún veterano misionero afirma que este devocionario fue publicado por el gran santo propagador de la Medalla Milagrosa en Colombia, P. Nicanor Cid, c.m., encontramos otra edición publicada a mediados de los años 50 en la antigua Casa Central de Bogotá y que tuvo una gran difusión, hasta llegar a la anterior a la presente (1996), que según los editores de la misma PP. Luis Antonio Mojica, c.m. y Francisco Adolfo Mora, c.m., corresponde a la sexta publicación.


Esta séptima edición, como ya lo decía anteriormente, quiere ser un gesto de gratitud para con nuestra Madre, quien desde esta casa ha acompañado, bendecido y protegido a muchos jóvenes en el camino hacia la vida misionera, sacerdotal y vicentina, y a muchos otros los ha orientado en el seguimiento de Cristo en otros campos del apostolado en la vida cristiana.

Pero además, este devocionario quiere ser un instrumento que fomente la devoción a nuestra Madre Milagrosa en nosotros sus hijos misioneros, en nuestras hermanas las Hijas de la Caridad, en los movimientos nacidos de nuestra espiritualidad y en fin, en todos aquellos que la aman y veneran con piedad filial.
Que la Virgen Milagrosa, como lo manifestó a Santa Catalina Labouré, nos siga amando intensamente y que nosotros respondamos cada día con altura y generosidad a tan inmenso amor.

P. Marlio Nasayó Liévano, c.m.

 

TABLA DE CONTENIDO:

I. HISTORIA DE LA MEDALLA MILAGROSA 6
1. La vidente: Santa Catalina Labouré 6
2. Las Apariciones 7
a. Primera Aparición 7
b. Segunda Aparición 10
c. Tercera Aparición 12
II. SIMBOLOGIA DE LA MEDALLA 14
III. LA MEDALLA MILAGROSA Y LAS INSTITUCIONES INSPIRADAS EN SU ESPIRITUALIDAD 16
IV. LOS PAPAS Y LA MEDALLA MILAGROSA 17
V. LOS SANTOS MODERNOS DEVOTOS DE LA MEDALLA MILAGROSA 18
VI. DIVERSAS PRÁCTICAS EN HONOR DE LA VIRGEN MILAGROSA 19
VII. ORACIONES 33

I. HISTORIA DE LA MEDALLA MILAGROSA

1. La vidente: Santa Catalina Labouré

santa catalina laboureCatalina nació el 2 de mayo de 1806 en el pueblito de Fain-lès-Moutier, en Cote-d'Or (Francia) y era la novena hija de una familia que contaría con once. Sus padres, Pedro Labouré y Luisa Magdalena Gontard, propietarios de la granja que ellos mismos trabajaban, eran profundamente cristianos. Formaron a su numerosa familia en el temor y amor de Dios. La devoción a María era muy estimada.
Por desgracia, la señora de Labouré murió en 1815. Catalina no tenía más que nueve años. Huérfana de su madre terrenal, la niña buscó otra madre en la Sma. Virgen. En efecto, poco tiempo después, una criada de la granja, la sorprendió subida sobre la mesa con la estatua de María que había tomado de la chimenea y la estrechaba sobre sus brazos.

A los doce años, como consecuencia de la entrada de su hermana mayor en la Compañía de las Hijas de la Caridad, su padre le confió el cuidado de la casa, en esta tarea fue ayudada por la anciana sirvienta y por su hermana menor Antonieta, llamada familiarmente Tonina. Los testigos en el proceso de beatificación han asegurado que se desempeñó muy bien en su cometido. Tonina reveló que a partir de los catorce años, pese a los trabajos agotadores, Catalina empezó a ayunar el viernes y sábado y a asistir a misa entre semana en el Hospicio de Moutiers Saint-Jean, distante tres kilómetros. Prácticamente no fue a la escuela y sólo más tarde aprenderá a leer y a escribir imperfectamente.

Desde su primera comunión había oído el llamado de Dios y soñaba con la vida religiosa. Rechazó varias veces propuestas de matrimonio; dudaba sin embargo, en la elección de una comunidad. Un sueño la ayudó a orientarse. Un venerable sacerdote se le había aparecido y le había dicho estas palabras: Un día serás feliz en venir hacia mí. Dios tiene sus designios sobre ti.

Algún tiempo después Catalina tuvo la oportunidad de ir a la Casa de las Hijas de la Caridad en Chatillon-sur-Seine. Entrando al locutorio su mirada se detuvo en un cuadro colocado en la pared: Ese, exclamó, es el sacerdote que yo vi en sueño. ¿Cuál es su nombre? Se le hizo saber que era San Vicente de Paúl. Desde ese momento no dudó más.

El 21 de abril de 1830 Catalina era recibida en el noviciado de la calle du Bac en Paris. Algunos días después tuvo la dicha de asistir a la traslación solemne de las reliquias de San Vicente de Paúl, desde Nôtre-Dame hasta la Capilla de los sacerdotes Vicentinos, en la calle de Sèvres.

Su noviciado transcurrió ciertamente en el fervor, como lo atestiguan las gracias extraordinarias con que fue favorecida y su alma mariana debió apreciar profundamente la devoción muy particular que las Hijas de San Vicente tenían a la Inmaculada Concepción. Sin embargo nada en ella llamó la atención de los que la rodeaban. He aquí el juicio más bien insignificante que sus superiores emitieron sobre ella cuando terminó el noviciado: Catalina Labouré: fuerte, de mediana estatura, sabe leer y escribir para sí misma. Su carácter parece bueno. Su inteligencia y juicio no son sobresalientes. Es piadosa. Trabaja en adquirir la virtud.

Catalina fue destinada entonces en París al hospicio de Enghien a cinco kilómetros del lugar donde habían tenido lugar las apariciones, y allí pasó toda su vida, entregada a los humildes trabajos de servir a los ancianos, atender la cocina, la ropería, el gallinero y la portería.
Dios hace bien lo que hace: el carácter de la vidente basta, en efecto, para autenticar su testimonio. Catalina dirá un día de sí misma a su Superiora que la felicitaba por haber sido favorecida con gracias extraordinarias: ¿Yo favorecida? Solo he sido un instrumento. No fue debido a mis méritos el que la Sma. Virgen se me hubiera aparecido. Yo no sabía nada ni siquiera escribir; en la comunidad aprendí cuanto sé y por este motivo la Sma. Virgen me eligió, a fin de que no se pueda dudar.

Catalina Labouré expiró el 31 de diciembre de 1876. Su cuerpo fue encontrado incorrupto con ocasión de su beatificación en 1933, y reposa en la Capilla de las Apariciones bajo el altar mismo en el que María se le apareció. Fue canonizada el 27 de julio de 1947.
No se podría hablar mejor. Dios tiene sus razones al elegir los instrumentos más humildes para sus obras más hermosas y las apariciones de la calle du Bac no son una excepción a esta regla.

2. Las Apariciones

a. Primera Aparición

La primera aparición tuvo lugar en la noche del 18 al 19 de julio de 1830, víspera de la fiesta de San Vicente de Paúl y debía preparar a la vidente a su misión posterior.

He aquí como la describe ella misma en la relación que hace a su confesor el Padre José Aladel: “Llegó la víspera de la fiesta de San Vicente. Nuestra buena Madre Marta, nos dio una charla sobre la devoción a los santos, en particular sobre la devoción a la Sma. Virgen, charla que me inspiró un deseo tan grande de ver a la Sma. Virgen que me fui a acostar con el pensamiento de que esa noche vería a mi buena Madre. ¡Hacía tanto tiempo que deseaba verla! Al fin me quedé dormida. Como se nos había distribuido un pedazo de tela de la sobrepelliz de S. Vicente corté la mitad del mismo, me la tragué y me dormí con la idea de que San Vicente me obtendría la gracia de ver a la Sma. Virgen.

En fin a las once y media de la noche, oí que alguien me llamaba por mi propio nombre: hermana, hermana. Despertándome, miré hacia el costado de donde escuchaba la voz, que era del lado del pasillo, corrí la cortina y vi un niño vestido de blanco de 4 o 5 años de edad, que me dijo: ven a la capilla, allí te espera la Sma. Virgen. Inmediatamente me asaltó la idea: me van a oír.

El niño me respondió: quédate tranquila, son las once y media, todo el mundo duerme profundamente. Ven, te espero. Me vestí rápidamente y me dirigí a donde estaba el niño que había permanecido de pie sin adelantarse más allá de la cabecera de mi cama. El me siguió o más bien, yo le seguí, siempre a mi izquierda, por donde pasaba. Las luces estaban prendidas en todas partes, lo que me sorprendió mucho; pero mayor fue mi asombro cuando al entrar a la Capilla, la puerta se abrió, apenas el niño la hubo tocado con la punta del dedo. Mi sorpresa creció todavía más, cuando vi todos los cirios y antorchas encendidos, lo que me recordó la misa de Nochebuena. Sin embargo no veía a la Sma. Virgen.

El niño me condujo al presbiterio, al lado del sillón del P. Director, me puse de rodillas y el niño quedó de pie todo el tiempo. Como me parecía larga la espera, yo miraba si las centinelas (las Hermanas designadas para vigilar durante la noche) no andaban por las tribunas. Al fin llegó la hora. El niño me alerta y me dice: ¡He aquí a la Sma. Virgen, hela aquí!

Escuché un ruido, como el roce de un vestido de seda que venía del lado de la tribuna, del lado del cuadro de San José. Ella vino a detenerse sobre las gradas del altar del lado del Evangelio, en un sillón parecido al de Santa Ana; sólo que no tenía el mismo aspecto que el de Santa Ana.

Yo dudaba si sería la Sma. Virgen. Sin embargo, el niño que estaba allí me dijo: ¡He aquí a la Sma. Virgen! Me sería imposible expresar lo que experimenté en ese momento, lo que sucedía dentro de mí; me parecía que no veía a la Sma. Virgen. Entonces el niño me habló no como un niño sino como un hombre, ¡con voz muy enérgica! Mirando entonces a la Sma. Virgen, no hice más que dar un salto hasta Ella, me puse de rodillas en las gradas del altar, las manos apoyadas sobre las rodillas de la Sma. Virgen. Allí, transcurrió un momento, el más dulce de mi vida; me sería imposible decir todo lo que experimenté.

Ella me dijo: ¡Hija mía! Dios quiere confiarte una misión. Tendrás que sufrir, pero sobrellevarás esto pensando en que lo haces por la gloria de Dios; serás atormentada hasta que lo hayas comunicado al que está encargado de dirigirte. Se te contradirá, pero tendrás la gracia, no temas. Háblale con confianza y sencillez; ten confianza y no tengas miedo. Verás algunas cosas, da cuenta de ellas. Te sentirás inspirada durante tu oración.

La Sma. Virgen me enseñó cómo debía comportarme con mi Director y agregó muchas cosas más que no debo decir. Respecto al modo de proceder en mis penas, me señaló con su mano izquierda, el pie del altar y me recomendó acudir allí y desahogar mi corazón, asegurándome que en ese lugar recibiría todos los consuelos de que tuviera necesidad.

Los tiempos son muy malos. Calamidades van a caer sobre Francia, el trono será derribado; el mundo entero se verá trastornado por desgracias de toda clase (la Sma. Virgen tenía aspecto muy apenado al decir esto). Pero venid al pie de este altar: ahí las gracias serán derramadas sobre todas las personas que las pidan con confianza y fervor, serán derramadas sobre grandes y chicos. ¡Hija mía! me complazco en derramar mis gracias, sobre la Comunidad en particular, a la que amo mucho...

Respecto a otras Comunidades, habrá víctimas (la Sma. Virgen tenía lágrimas en los ojos al decir esto). El Clero de París tendrá sus víctimas, el Arzobispo morirá (a esta palabra de nuevo las lágrimas) ¡Hija mía! La cruz será despreciada, correrá la sangre en la calle (aquí la Sma. Virgen no podía hablar más, el dolor se veía en su rostro). ¡Hija mía!, me dijo, todo el mundo estará triste (todos estos detalles se cumplirán al pie de la letra en 1870-1871). Yo pensaba cuándo sucedería esto. Entendí muy bien: cuarenta años.

No sé cuánto tiempo quedé a los pies de la Sma. Virgen; lo único que sé es que cuando partió, sólo percibí algo que se desvanecía, como una sombra que se dirigía hacia el costado de la tribuna, por el mismo camino por donde había llegado. Me levanté de las gradas del altar y vi al niño en el mismo lugar donde lo había dejado; me dijo: ¡Se ha ido!

Volvimos por el mismo camino, siempre iluminado y ese niño estaba siempre a mi izquierda. Creo que ese niño era mi ángel de la guarda que se había vuelto visible para hacerme ver a la Sma. Virgen, porque yo le había rogado mucho que me obtuviese este favor.
Estaba vestido de blanco, llevando una luz milagrosa delante de él, es decir estaba resplandeciente de luz, poco más o menos de cuatro a cinco años de edad. Escuché sonar la hora; no me dormí más”.

b. Segunda Aparición


Esta es la gran aparición en la que María comunica a la Vidente el mensaje que debía transmitir. Nada mejor que dejar también aquí, la palabra a la misma Sor Catalina. La aparición tuvo lugar el 27 de noviembre de 1830, mientras las novicias se encontraban reunidas en la Capilla para la meditación de la tarde; víspera del primer domingo de Adviento. La escena se desarrolla en tres cuadros sucesivos y progresivos que introducen a la vidente cada vez más profundamente en la inteligencia del mensaje y de todo el misterio mariano.

Era el 27 de noviembre de 1830, que caía el sábado anterior al primer domingo de Adviento. Yo tenía la convicción de que vería de nuevo a la Sma. Virgen y que la vería "más hermosa que nunca", yo vivía con esta esperanza. A las cinco y media de la tarde, algunos minutos después del primer punto de la meditación, durante el gran silencio, me pareció escuchar ruido del lado de la tribuna, cerca del cuadro de San José, como el roce de un vestido de seda.

Primer cuadro: La Virgen con el globo.

“Habiendo mirado hacia ese costado, vi a la Sma. Virgen a la altura del cuadro de San José. La Sma. Virgen estaba de pie, era de estatura mediana; tenía un vestido cerrado de seda aurora, hecho según se dice "a la Virgen", mangas lisas; un velo blanco le cubría la cabeza y le caía por ambos lados hasta sus pies; debajo del velo vi sus cabellos lisos, divididos por la mitad, ligeramente apoyado sobre sus cabellos tenía un encaje de tres centímetros, sin fruncido, su cara estaba bastante descubierta. Sus pies se apoyaban sobre la mitad de un globo blanco o al menos no me pareció sino la mitad, tenía también bajo sus pies una serpiente de color verdoso con manchas amarillentas. Con sus manos sostenía un globo de oro, con una pequeña cruz encima, que representaba al mundo; sus manos estaban a la altura del pecho, de manera elegante; sus ojos miraban hacia el Cielo. Su aspecto era extraordinariamente hermoso, no lo podría describir.

De pronto vi anillos en sus dedos, tres en cada dedo; el más grande cerca de la mano, uno de mediano tamaño en el medio y uno más pequeño en la extremidad y cada uno estaba recubierto de piedras preciosas de tamaño proporcionado. Rayos de luz, unos más hermosos que otros salían de las piedras preciosas; las piedras más grandes emitían rayos más amplios, las pequeñas, más pequeños; los rayos iban siempre prologándose de tal forma que toda la parte baja estaba cubierta por ellos y yo no veía más sus pies.

Esta fase fue silenciosa; preparaba la siguiente. El globo desapareció, la Virgen cambió de actitud, bajó la mirada y teniendo los dedos siempre guarnecidos de anillos con piedras preciosas destellantes”.

Segundo cuadro: El anverso de la Medalla.


“En ese momento en que yo la contemplaba, la Sma. Virgen bajó sus ojos mirándome. Una voz se hizo escuchar y me dijo estas palabras: “este globo representa al mundo entero, especialmente a Francia... y a cada persona en particular”. Aquí yo no sé expresar lo que experimenté, lo que vi.
La hermosura y el brillo de los rayos tan bellos... son el símbolo de las gracias que yo derramo sobre los que me las piden, haciéndome comprender cuán generosa se mostraba hacia las personas que se las pedían, cuánta alegría experimenta concediéndoselas... “Estos diamantes de los que no salen rayos, son las gracias que dejan de pedirme”.

En este momento o yo estaba o no estaba, no sé... yo gozaba. Se formó un cuadro alrededor de la Sma. Virgen, algo ovalado, en el que se leían estas palabras escritas en semicírculo, comenzando a la altura de la mano derecha, pasando por encima de la cabeza de la Sma. Virgen y terminando a la altura de la mano izquierda: ¡Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Ti!, escritas en caracteres de oro. Entonces oí una voz que me dijo:
“Haz acuñar una medalla según este modelo, las personas que la lleven en el cuello recibirán grandes gracias; las gracias serán abundantes para las personas que la llevaren con confianza”.

Tercer cuadro: El reverso de la Medalla.

En aquel instante me pareció que el cuadro se daba vuelta. Vi sobre el reverso de la Medalla la letra M, coronada con una cruz, apoyada sobre una barra y, debajo de la letra M los sagrados Corazones de Jesús y de María, que yo distinguí, porque uno estaba rodeado de una corona de espinas y el otro, traspasado por una espada.

Inquieta por saber qué sería necesario poner en el reverso de la Medalla; después de mucha oración, un día, en la meditación, me pareció escuchar una voz que me decía: “La letra M y los dos corazones dicen lo suficiente”.

c. Tercera Aparición

El P. Aladel, confesor de Sor Catalina, recibió con indiferencia, hasta se puede decir con severidad, las comunicaciones de su penitente. Le prohibió aun darles fe. Pero la obediencia de la Santa, atestiguada por su mismo Director, no tenía el poder de borrar de su mente el recuerdo de lo que ella había visto. El pensamiento de María y lo que Ella pedía no la dejaban, ni tampoco una íntima convicción de que la volvería a ver.

En efecto, en el curso del mes de diciembre de 1830, Catalina fue favorecida con una nueva aparición, exactamente parecida a la del 27 de noviembre, y en el mismo momento, durante la oración de la tarde. Hubo sin embargo una diferencia notable. La Sma. Virgen se apareció no a la altura del cuadro de San José, como la vez anterior, sino cerca y detrás del Tabernáculo. Es la final de estas experiencias: “ya no me verás más, pero oirás mi voz dentro de la oración”, le dice la Virgen.


Aprobación Eclesiástica


En junio de 1832 empezaba la distribución de las primeras medallas en París y provincias de Francia. El Arzobispo de París, monseñor Jacinto Luis de Quelen, recibió la primera medalla y para probar su eficacia la colocó bajo la almohada de un sacerdote apóstata, enfermo de gravedad. A las pocas horas, el sacerdote abjuró de sus errores y pidió confesión. Las gentes empezaron a recibir favores extraordinarios al contacto de esta nueva medalla de la Virgen. Entre las conversiones más ruidosas está la de JUDIO ALFONSO RATISBONA. La demanda de medallas rebasó todos los cálculos.

En los cuatro primeros años, el señor M. Vachette, primer grabador de la medalla, tuvo que acuñar 2.047.238 medallas, a un ritmo de casi 45,000 por mes.
En 1836, monseñor de Quelen, Arzobispo de París nombró un Tribunal Eclesiástico para proceder a una rigurosa investigación canónica de todo lo referente a las apariciones de Santa Catalina y del origen y efectos de la medalla. Después de diecinueve sesiones e infinidad de interrogatorios, el Juez concluyó que: Considerando la rapidez extraordinaria con que la Medalla se ha propagado según la información oficial suministrada al Tribunal. El número asombroso de medallas acuñadas y distribuidas. Los prodigios clamorosos obtenidos. Las gracias especialísimas que los fieles han recibido. . . parecen señales por las que el cielo quiere confirmar la autenticidad de las apariciones y la verdad de su contenido. Y. . . puede aprobarse la acuñación y propagación de la medalla

Monseñor de Quelen en Exhortación Pastoral recomendó a los Fieles de su Archicofradía llevaran la Medalla y repitieran la jaculatoria grabada en su contorno: Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Ti. Y así nació la medalla de la virgen: la Medalla Milagrosa

 

II. SIMBOLOGIA DE LA MEDALLA

LA MEDALLA, SIGNO Y MENSAJE QUE MARÍA MADRE DE

DIOS Y MADRE DE LOS HOMBRES NOS COMUNICA A CADA UNO

Miremos la Medalla

Descubramos en sus dos caras que se complementan, el mensaje esencial del MISTERIO DE LA SALVACIÓN.

Anverso de la Medalla: MARÍA INMACULADA, MADRE DE LOS HOMBRES
medaille miraculeuse

MARÍA, mensajera incomparable de la ternura de Dios, se muestra en pie. Viene hacia nosotros con las manos abiertas y en actitud de acogida.
MARÍA, como una Madre se muestra compasiva con los pequeños, los débiles, con todos los que la invocan. Es lo que significan los rayos luminosos que salen de sus manos.
MUJER escogida entre todas las mujeres es la primera favorecida con la salvación, santificada por el Espíritu de Dios, MARÍA es la sin pecado. Por eso aplasta la cabeza de la serpiente.
MARÍA, mediante esta oración:
“OH MARÍA CONCEBIDA SIN PECADO, RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI”, nos da a conocer su identidad profunda:
Es la INMACULADA CONCEPCIÓN.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

 

 

Reverso de la Medalla: EL PROYECTO DE AMOR DE DIOS HACIA LOS HOMBRES

milagrosa reversoLa letra M coronada por la Cruz:
María está íntimamente unida al misterio de la Pasión y de la Cruz de su Hijo desde el pesebre hasta el calvario.

Dos corazones:
El de JESÚS y el de MARÍA. Esos corazones representan la fuerza del amor que llega hasta la entrega total.
“Tanto amó Dios al mundo, que dio su Hijo único” (Jn. 3,16).
María entró plenamente en este misterio de amor de nuestra redención.

Doce estrellas:
Jesús estableció su Iglesia sobre el fundamento de Pedro y los Apóstoles y no deja de llamar a los hombres a que vivan a la luz del Evangelio.




MARÍA, IMAGEN DE LA IGLESIA, ESTRELLA
DE LA EVANGELIZACIÓN.

La Medalla no es un talismán, ni un amuleto que trae la buena suerte. Los fieles no tardaron en llamarla “Medalla Milagrosa”, proclamando así que es un signo, el signo de la protección maternal de María. Dios nos ama y en Cristo todos somos hijos de Dios.
Tengamos presente que el milagro primordial que encierra todos los demás es el que: Cristo ha resucitado para que todos tengamos la vida. Es la Buena Noticia que tenemos que proclamar a través de toda nuestra vida.

MARÍA ABRE EL CAMINO A LA BUENA NOTICIA
La Medalla es para los que la llevan una luz que los ilumina, los guía y hace de ellos mensajeros de esperanza.

III. LA MEDALLA MILAGROSA Y LAS INSTITUCIONES INSPIRADAS EN SU ESPIRITUALIDAD

HIJOS E HIJAS DE MARIA
La asociación de Hijos e Hijas de María Inmaculada tuvo su origen en las apariciones de la Virgen María a Santa Catalina Labouré. La santa dijo a su director el P. Aladel: “la Santísima Virgen María quiere que usted funde una Asociación… se trata de una Asociación de jóvenes de María, a quienes la Santísima Virgen concederá abundantes gracias”. Esta Asociación fue aprobada por el Beato Pío IX mediante los rescriptos del 20 de junio de 1847 y 19 de julio de 1850.

LAS JUVENTUDES MARIANAS VICENTINAS (JMV)
Son la prolongación y adecuación de los Hijos e Hijas de María, que a partir del Concilio Vaticano II agrupa a jóvenes tanto hombres como mujeres en una única Asociación. La Asociación fue aprobada por el Beato Pío IX mediante los rescriptos del 20 de junio de 1847 y 19 de julio de 1850.

LA ASOCIACION DE LA MEDALLA MILAGROSA (AMM)
Esta Asociación está inspirada y nació bajo el influjo de la Virgen a Santa Catalina Labouré en 1830. Fue aprobada por el Beato Pío IX el 20 de junio de 1847 y aprobada como asociación publica en la Iglesia por San Pío X, el 8 de julio de 1909.

LA VISITA DOMICILIARIA
Consiste en recibir en los hogares la urna o capillita que guarda la imagen de la Virgen Milagrosa en un día de cada mes, y ofrecerle algún homenaje de veneración, procurando al mismo tiempo hacer la oración en común ante la imagen de la Virgen.
Esta nueva forma de apostolado fue bendecida por el Papa Pío XI.

LA NOVENA PERPETUA
La novena perpetua a la Milagrosa, fue fundada en Estados Unidos por el misionero Vicentino padre Skelly en 1930. Se inició primero haciendo una novena ordinaria y luego empezó a tenerse un solo día a la semana. Se trata de una oración comunitaria para pedir juntos por las necesidades de todos y para dar testimonios y gracias por los dones recibidos de Dios por medio de la Virgen María.

LA LEGIÓN DE MARÍA
Fundada por el irlandés Venerable Frank Duff, quien colocó a la Medalla Milagrosa como patrona de esta obra apostólica. La imagen de la Virgen Milagrosa preside siempre las reuniones de la Legión de María. Por medio de la Medalla se ha conseguido introducir a María en los hogares y en las almas para llevarlas a Cristo.

IV. LOS PAPAS Y LA MEDALLA MILAGROSA


GREGORIO XVI autorizó acuñar la medalla para toda la Iglesia. El mismo la colocó sobre su mesa de estudio, al pie del crucifijo y la daba a las muchas personas que le visitaban.


BEATO PIO IX aprobó la Archicofradía de la Medalla Milagrosa en la Parroquia de San Ginés de Madrid, en febrero de 1845. Este Pontífice impulsó la propagación de la medalla que siempre consideró como preanuncio del dogma de la Inmaculada Concepción. Pío IX fue quien aprobó que pudiera instituirse en todo el mundo la Asociación de Hijas de María, usando como emblema la Medalla Milagrosa.


LEON XIII es el Pontífice que más privilegios ha otorgado a la medalla. El primero fue conceder 300 días de indulgencias, a cuantos dijeran cuatro invocaciones, tres veces al día la jaculatoria; ¡Oh María, sin pecado. . .! Este Pontífice instituyó en 1894 la fiesta del 27 de noviembre y concedió indulgencia plenaria a todos los fieles que arrepentidos, confesados y habiendo comulgado, visitaran en dicho día cualquier iglesia u oratorio unido a las casas de los Misioneros Vicentinos o de las Hijas de la Caridad.


SAN PIO X Aprobó la Asociación de la Medalla Milagrosa el 8 de junio de 1909.


BENEDICTO XV enriqueció también con privilegios especiales la Medalla Milagrosa, entre otros, 100 días de indulgencia "sólo" por llevar puesta la Medalla Milagrosa.


PIO XI concedió 300 días de indulgencia a todos los fieles cuantas veces reciten la jaculatoria: ¡Oh María, sin pecado. . .! Este Pontífice sentía gran entusiasmo por la imagen de la Milagrosa, en la primera fase de su segunda aparición, sosteniendo el globo terráqueo en sus manos. Y fue él quien la intituló REINA DE LAS MISIONES Y REINA DEL MUNDO.


VENERABLE PIO XII no dudó en canonizar a sor Catalina Labouré la Vidente de la Virgen e instrumento inmediato para la acuñación de la medalla. Su canonización es la aprobación indirecta, pero irrebatible de la veracidad y autenticidad de la medalla.


SAN JUAN XXIII fue el gran devoto de la Milagrosa, quien cuando apenas era ayudante de la Congregación de Propaganda Fide supo convencer a todos para que Nuestra Señora del Globo (la Milagrosa en su primera aparición del 27 de noviembre) fuese reconocida y proclamada como Reina de las Misiones. Y cuando era Nuncio en París iba con frecuencia a orar ante el altar de Nuestra Señora en la Rue du Bac.


BEATO PABLO VI enriqueció el culto a la Virgen Milagrosa otorgando nuevas y múltiples indulgencias a cuantos asistan un día siquiera a los Triduos o Novenarios en su honor o lleven esta sagrada medalla.


SAN JUAN PABLO II en su gran amor a María en su visita apostólica a París estuvo en la capilla de las apariciones el 31 de mayo de 1980, oró ante el altar de la Virgen Milagrosa y ante la tumba de Santa Catalina Labouré y desde allí pronunció a la Virgen una hermosa plegaria.

V. LOS SANTOS MODERNOS DEVOTOS DE LA MEDALLA MILAGROSA


SANTA BERNARDITA era Hija de María y llevaba la cinta azul y la Medalla Milagrosa.


SANTA TERESITA desde muy pequeña llamaba a la Milagrosa la Virgen de la sonrisa. Ella le curó de una gravísima enfermedad. Su nombre figura entre las Hijas de María insignes.


EL SANTO CURA DE ARS la veneraba en su parroquia y mandaba a sus penitentes postrarse ante Ella. Fue el primer sacerdote que consagró su parroquia a la Virgen Milagrosa.


SANTA MARIA GORETTI, también Hija de María, llevaba la Medalla Milagrosa cuando prefirió la muerte al pecado.


SANTA MICAELA DE SMO. SACRAMENTO se enamoró de la Medalla Milagrosa durante su estancia en París y la llevó toda su vida. Tradujo al español las primeras publicaciones acerca de la medalla.


LOS MARTIRES DE UGANDA entraron en la hoguera del martirio con la Medalla Milagrosa colgada de su cuello.


SAN JUAN BOSCO Y SAN ANTONIO MARIA CLARET profesaron también tierna devoción a esta medalla prodigiosa.


SAN MAXIMILIANO KOLBE, Franciscano conventual, mártir de la caridad en Auschwitz, fue gran propagador de la Medalla Milagrosa en el Japón. Fundador de la Milicia de la Inmaculada bajo el amparo de la Virgen Milagrosa.


Sobresalen de manera significativa los Santos y Beatos de la FAMILIA VICENTINA:


SAN JUSTINO DE JACOBIS y JUAN GABRIEL PERBOYRE fueron los Apóstoles de la Medalla como misioneros en Abisinia (hoy Etiopía y Eritrea) y China, respectivamente.


Entre los Beatos están en Italia el P. MARCO ANTONIO DURANDO Y SOR JOSEFINA NICOLI, en Francia FEDERICO OZANAM Y SOR ROSALÍA RENDU y más cercanos a nosotros en el tiempo SOR LINDALVA JUSTO DE OLIVEIRA mártir en el Brasil y los recientes MÁRTIRES DE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA ESPAÑOLA (27 Hijas de la Caridad, 1 Hija de María y 14 Misioneros Vicentinos) beatificados por el Papa Francisco.


SANTA LAURA MONTOYA UPEGUI, primera Santa colombiana, Fundadora de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, muy cercana a la vida y misión de las Hijas de la Caridad, fue una gran devota de la Medalla Milagrosa, que tanto ella como sus hermanas propagaban y llevaban en el rosario de su hábito primitivo.


LA BEATA MADRE TERESA DE CALCUTA, fundadora en la India de las Misioneras de la Caridad, muy amante y difusora de la Medalla Milagrosa.


VI. DIVERSAS PRÁCTICAS EN HONOR DE LA VIRGEN MILAGROSA

MISA DE LA VIRGEN MILAGROSA
27 DE NOVIEMBRE


Oración colecta

 
Señor Dios nuestro que nos alegras con la abundancia de tu inmensa bondad manifestada en la Inmaculada Virgen María, a quien asociaste de modo inefable al misterio de tu Hijo, concédenos propicio que, sostenidos por su maternal auxilio, nunca nos veamos privados de tu providente piedad y que, con un corazón libre y fiel, sirvamos al misterio de tu redención. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Lecturas
Primera: Apocalipsis 12,1.5.14-17
Salmo Responsorial: Sal 44,11-12.14-15.16-17

Evangelio: Juan 2,1-11

Oración sobre las ofrendas

Jubilosos de poder celebrar la fiesta de María Milagrosa, madre de tu Hijo y madre nuestra, te ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza y te suplicamos que nos mantengas en continua acción de gracias a los que nos alegramos por tus beneficios. Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio de Santa María Virgen

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, y alabarte debidamente en esta celebración en honor de la Virgen Milagrosa.
Ella, al aceptar tu Palabra con limpio corazón, mereció concebirla en su seno virginal, y al dar a luz a su Hijo preparó el nacimiento de la Iglesia.
Ella, al recibir junto a la cruz el testamento de tu amor divino, tomó como hijos a todos los hombres, nacidos a la vida sobrenatural por la muerte de Cristo.
Ella, en la espera del Espíritu, al unir sus oraciones a las de los discípulos, se convirtió en el modelo de la Iglesia suplicante.
Desde su asunción a los cielos, acompaña con amor materno a la Iglesia peregrina, y protege sus pasos hacia la patria celeste, hasta la venida gloriosa del Señor. Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos diciendo sin cesar:
Oración después de la comunión
Reconfortados con los sacramentos de la redención eterna, te pedimos, Señor Dios nuestro, que cuantos nos alegramos de la celebración festiva de la Inmaculada Madre de tu Hijo, avancemos animosos en la vivencia de la fe y, hechos partícipes de la mesa de tu Reino, merezcamos glorificarte con ella en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición solemne

El Dios, que quiso salvar al género humano por el fruto bendito del seno de la Virgen María, a todos los colme de sus bendiciones. Amén.
Que los acompañe siempre la protección de la Virgen de la Medalla Milagrosa por quien hemos recibido al autor de la vida. Amén.
Y a todos ustedes, reunidos hoy para celebrar la fiesta de la Inmaculada Virgen María de la Medalla Milagrosa, les conceda el Señor la alegría del Espíritu y los bienes de su Reino. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso.

MISA EN LA MEMORIA DE SANTA CATALINA LABOURÉ
28 DE NOVIEMBRE

Oración colecta

Señor Dios nuestro que concediste a tu virgen Santa Catalina de Labouré el privilegio del maternal coloquio con la Madre de tu Hijo, y le concediste entregar su vida, escondida en Cristo, al servicio de los pobres, concédenos a cuantos veneramos su memoria que también nosotros descubramos tu imagen en los pobres y, sirviéndolos con sencillez de corazón, seamos testigos fieles de tu caridad en el mundo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Lecturas
Primera: de la carta de Santiago 2,14-19
Salmo responsorial: 67,5-7.12.20

Evangelio: Mt 25,31-40

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, los dones de tu pueblo y concédenos que, al recordar las maravillas que tu Hijo realizó con nosotros, nos reafirmemos, a ejemplo de Santa Catalina, en el amor a ti y al prójimo. Por Cristo nuestro Señor.
Oración después de la comunión
Alimentados con el sacramento de salvación, te rogamos, Dios de misericordia, que imitando la caridad de santa Catalina seamos un día partícipes de tu gloria. Por Cristo nuestro Señor.

BENDICIÓN Y RECEPCION DE LA MEDALLA
Aprobada S.R.C. - 19-IV-1895



Oremos:

Oh Dios Omnipotente y misericordioso, que por las múltiples apariciones en la tierra de la Inmaculada Virgen María, te has dignado obrar maravillas para la salud de las almas y de los cuerpos, concede tu ben + dición sobre estas medallas, para que quienes las veneren con piedad y las lleven con devoción, sientan tu protección y obtengan tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Reciban esta santa Medalla. Llévenla fielmente. Hónrela con la veneración que se merece, para que la piadosísima e Inmaculada Reina de los cielos los proteja y defienda; y, renovando los prodigios de su amor, les obtenga misericordiosamente del Señor cuando pidieren, y vivan y mueran bajo su maternal protección. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


S. ¡Oh María, concebida sin pecado,
P. Ruega por nosotros que recorrimos a Ti!
Oremos:
Señor Jesucristo, que quisiste que tu Santísima Madre, la Virgen María, Inmaculada desde su concepción, resplandeciera con innumerables milagros, concede a quienes imploramos ahora su patrocinio, gocemos un día de los bienes eternos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
S. ¡Oh María, concebida sin pecado,
P. Ruega por nosotros que recorrimos a Ti!

ENTRONIZACIÓN


S. Nuestro auxilio está en el nombre del Señor
R. Que hizo el cielo y la tierra
S. El Señor esté con ustedes
R. Y con tu espíritu
Oremos:
Dios Todopoderoso y eterno, te pedimos que ben + digas esta imagen de la santísima Virgen María, madre de nuestro Señor Jesucristo; y cuantos la veneren y honren delante de esta imagen, reciban por sus méritos e intercesión, tus gracias en la vida presente y en el futuro la vida eterna. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN MILAGROSA
¡Oh Virgen Milagrosa! Postrados ante tu imagen bendita, nos consagramos enteramente a tu servicio. Te consagramos nuestras personas, nuestros afectos, nuestra casa, nuestros negocios, cuanto nos pertenece. Míranos con tu maternal mirada; que sintamos la dulzura de tu bondad. Concédenos la armonía, el respeto y el mutuo amor entre todos los moradores de esta tu casa. Que sea un reflejo de tu casa de Nazaret. Que vivamos obedientes a tu Hijo según tu deseo, caminando por la senda del Evangelio, para llegar seguros al feliz término, la casa del Padre.
Sea tu Medalla como el escudo que nos proteja de los enemigos del alma, y como la llave que nos abra un día las puertas del cielo. Amén.

CONSAGRACION DE LA FAMILIA A LA VIRGEN MILAGROSA
¡Oh Virgen María! A tu Corazón Inmaculado consagramos hoy nuestro hogar y todos los que lo habitan.
Que nuestra casa sea como la de Nazaret, morada de paz y felicidad por el cumplimiento de la voluntad de Dios, por la práctica de la caridad y por el perfecto abandono a la Divina Providencia.
Vela sobre cuantos lo habitan, ayúdales a vivir cristianamente, cúbrelos de tu protección maternal y dígnate, oh bondadosa Virgen María, formar de nuevo en el Cielo este hogar que en la tierra pertenece por entero a tu Corazón Inmaculado. Amén.

TRIDUO
Por la señal…
Jesús, mi Señor y Redentor…
Oración para todos los días
¡Oh María concebida sin pecado! Estamos aquí postrados ante tu soberana presencia, arrepentidos por nuestros pecados, pero muy confiados en tu amorosa y tierna bondad, hacia los pecadores y en el poder sin límites que Dios te concedió. ¡Madre, piadosa! Escucha benigna nuestras súplicas.
Míranos compasiva, no rechaces los ruegos que te dirigimos en este piadoso ejercicio. Has asegurado que quienes llevemos al cuello la Medalla, recibiremos grandes favores. Llevamos tu santa medalla: cumple tierna Madre lo que has ofrecido.

DIA PRIMERO
¡Oh María, piadosa Madre, tierna e insigne bienhechora! La brillante corona de doce estrellas que ostenta la medalla, te señala como la reina soberana, y afirma nuestra confianza en tu gran poder. ¡Oh María, desde hoy seremos tus fieles y devotos servidores! Sé nuestra abogada, protectora, refugio y asilo en esta vida, fortaleza y defensa en la muerte, consuelo y gloria en la eternidad. Amén.

Oración Final
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de cuantos se han acogido a tu amparo, implorado tu socorro, y reclamado tu intercesión, haya sido desamparado de ti. Animado de tal confianza acudo a ti. ¡Oh madre, Virgen de las vírgenes!, no desprecies mis súplicas; antes bien escúchalas benigna y despáchalas favorablemente. Amén.

DIA SEGUNDO
¡Oh amabilísima madre de Dios y madre nuestra!, haz que esos brillantes esplendores que irradian tus manos virginales, alumbren nuestros corazones con vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad. Ilumina el estado de nuestras conciencias, despierta en nuestras almas un santo arrepentimiento de nuestros pecados y alcánzanos el espíritu de santa humildad, la más amable de las virtudes y de la cual eres perfecto modelo. Amén

DIA TERCERO
¡Oh María, madre nuestra! Haz que la cruz de la medalla brille siempre ante nuestros ojos, endulce las penas y amarguras de esta vida: que imprima en nuestros sentidos un santo temor de Dios, y nos aleje de toda malicia y de la sensualidad que conduce al pecado. ¡Oh María! Haz también en virtud de tu santísimo nombre y de los sagrados corazones, que aparecen en la santa medalla, seamos más fervorosos en la oración, más caritativos con nuestros hermanos, más amantes de nuestra dignidad de cristianos, y más fieles en seguir los ejemplos y enseñanzas de tu divino Hijo, como tú misma nos has ordenado. Amén.


Venid al pie de este altar. Aquí las gracias serán derramadas sobre todas aquellas personas que las pidan con confianza y fervor.
(La Virgen a Santa Catalina Labouré)


NOVENA A LA VIRGEN DE LA MEDALLA MILAGROSA
P. Fenelón Castillo; c. m.


ORACIONES INICIALES:

1. Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa, que te manifestaste a Santa Catalina Labouré como mediadora de todas las gracias, atiende a mi plegaria. En tus manos maternales dejo todos mis intereses espirituales y materiales, y te confío en particular la gracia que me atrevo a implorar de tu bondad, para que la encomiendes a tu divino Hijo y le ruegues concedérmela, si es conforme a su voluntad y ha de ser para bien de mi alma ( breve silencio).
Eleva tus manos al Señor y vuélvelas luego hacia a mí, Virgen poderosa; envuélveme en los rayos de tu gracia, para que a la luz y al calor de esos rayos me vaya desapegando de las cosas terrenales, y pueda marchar con gozo en tu seguimiento, hasta el día en que bondadosa me acojas en las puertas del Cielo. Amén

2. Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Bendita seas porque en la gloria de tu Hijo intercedes poderosa a favor de los hijos peregrinos.
Bendita seas porque, con tu planta inmaculada sobre un mundo que lucha contra el mal, nos inspiras confianza.
Bendita seas porque los rayos de tus dones iluminan para un nuevo amanecer, los caminos del pueblo que recibiste en herencia.
Un sí a la vida y al llamado de Dios te hizo posible compartir nuestros riesgos, acompañar al Hijo perseguido y saber por experiencia qué es un corazón traspasado pero abierto a la esperanza.
También nosotros, entre alegrías y tribulaciones, vamos peregrinando con anhelos de liberación definitiva. Virgen de la Pascua, necesitamos tu ayuda.
Coronada de doce estrellas acompañas a la Iglesia con un nuevo pentecostés; continua enseñándonos, Señora, la docilidad al Espíritu, el gozo del amor y la alegría del servicio.
Nuestra Señora de los pobres: tu nueva presencia en la historia no fue para los sabios de este mundo, si no para la humilde Catalina.
Sigue manifestándote, Madre de los sencillos, que son muchos los hambrientos de pan y los sedientos de justicia. Amén

3. Virgen Santa, en los esplendores de tu gloria, no te olvides de las tristezas de la tierra. Mira con bondad a todos los que sufren, luchan contra las dificultades y no cesan de apurar en esta vida el cáliz de la amargura.
Ten piedad de los que se amaban y han sido separados.
Ten piedad de la soledad del corazón.
Ten piedad de la debilidad de nuestra fe.
Ten piedad de los que amamos.
Ten piedad de los que lloran, de los que ruegan, de los que sufren. Da a todos la esperanza y la paz. Amén.

DÍA PRIMERO
MARÍA PROTECTORA
REFLEXION:

En su primera aparición a Santa Catalina Labouré, la Santísima Virgen quiso que esta humilde novicia Vicentina, fuera acompañada hasta la capilla por un niño, representante de su Ángel custodio. Allí la Virgen conversó familiarmente con la hermana y le prometió que Ella seguiría guardando a la Comunidad en esos tiempos de peligro. Porque Dios no desampara a sus hijos; porque los Ángeles de su poder, protegen a quienes confían en la Providencia; porque María es guardiana de la Casa de Dios que es la Iglesia toda.
ORACION:
Reina de los Ángeles, que enviaste a uno de esos espíritus celestes para conducir a Santa Catalina hasta la capilla donde la aguardabas para una conversación amable y sencilla. Ayúdanos a tener confianza en Dios, en su Providencia inagotable. Que en los peligros y alegrías de esta vida, nos veamos siempre asistidos por tu protección maternal. Amén
Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Dios te salve María…
GOZOS
Oh Reina Inmaculada y Madre Milagrosa
Venimos a expresarte de todo corazón
nuestro filial cariño, nuestra adhesión gozosa,
sintiéndonos seguros bajo tu protección.


Bendícenos, Madre Milagrosa, desde el trono de tu amor.


Tú sabes nuestras fallas, conoces nuestras penas,
por eso a ti acudimos seguros de tu amor,
y al vernos sometidos a pruebas y problemas,
venimos a implorarte tu dulce protección.
Bendícenos, Madre Milagrosa, desde el trono de tu amor.

Enséñanos ¡Oh Madre!, a amar a Jesucristo,
a hacernos mensajeros y hablar de su misión,
contarles a los hombres que su amor infinito
nos trajo la alegría de nuestra salvación.

Bendícenos, Madre Milagrosa, desde el trono de tu amor.
Déjanos ver los rayos de tus manos benditas
que reparten prodigios y milagros de Dios,
y siembra en nuestras almas, las hermosas semillas,
que produzcan los frutos de la paz y el amor.

Bendícenos, Madre Milagrosa, desde el trono de tu amor.

Bendice a los que sufren en medio del dolor,
bendice a los que amamos oh Madre Milagrosa,
y llévanos a todos al lado del Señor.

Bendícenos, Madre Milagrosa, desde el trono de tu amor.


DÍA SEGUNDO
LA VIRGEN PODEROSA
REFLEXION:

En su segunda aparición a Santa Catalina, la Santísima Virgen se mostró radiante de gloria con un globo dorado en sus manos. Era el símbolo del poder intercesor de María. Ella tiene el mundo en sus manos; ese mundo está coronado por la cruz de Cristo; porque el futuro del hombre es el encuentro Salvador con Cristo.
Habrá un nuevo cielo y una nueva tierra para quienes han sabido tener fe y esperanza, para quienes han sabido amar.
ORACIÓN:
¡Santísima Virgen! Bendecimos a Dios que ha puesto en Ti ese gran poder de intercesión por los hombres, tus hijos. Ayúdanos Señora, a tener fe en la transformación del mundo, a guardar la esperanza en un futuro mejor, a emplear con criterio cristiano los bienes de la tierra para conseguir un día los del cielo. Amén.
Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Dios te salve María…
DÍA TERCERO
MARÍA INMACULADA
REFLEXIÓN:
La imagen que la Virgen mostró a Santa Catalina representa a María sobre el mundo; sus pies quebrantan la cabeza de la serpiente del mal. La invocación “Oh María sin pecado concebida” nos indica ese privilegio admirable de María: Ella ha sido, desde su misma concepción preservada de toda culpa; ella salió victoriosa totalmente sobre el pecado.
ORACIÓN:
¡Oh María sin pecado concebida! Sólo Tú puedes ostentar al lado de tu Hijo Jesús, los signos de una victoria total y absoluta sobre el pecado, ayúdanos en nuestras luchas contra el mal. No permitas que la descomposición moral siga devorando esta tierra de tu Hijo. No dejes que sigan quebrantando los valores del Evangelio. Ayúdanos a no dejarnos vencer por el mal, sino vencer el mal a fuerza del bien.
Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Dios te salve María…

DÍA CUARTO
MARÍA DE LAS GRACIAS
REFLEXIÓN:


La Virgen de la Medalla Milagrosa se nos presenta con los brazos extendidos hacia el mundo; de sus manos colmadas de anillos, se desprenden rayos de luz: Son las gracias concedidas a los humildes que piden confianza. Gracias hay que no son concedidas porque no son solicitadas. Cristo mismo nos ha dicho: “pidan y recibirán, llamen y se les abrirá”.
ORACION:
¡Oh María, Medianera de gracias! Te aclamamos llena de gracia y bendita entre las mujeres. Te alabamos porque no retienes tus privilegios en actitud egoísta, sino que extiendes tus manos hacia el mundo de tus hijos peregrinos. Concédenos la humildad y confianza de la oración. Enséñanos a pedir y ayúdanos a esperar. Amén
Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Dios te salve María.

DÍA QUINTO
MARÍA JUNTO A JESÚS
REFLEXIÓN:


En el reverso de la Medalla Milagrosa encontramos una letra M; está en el centro, debajo de la Cruz. María fue fiel servidora de Jesús; lo acompañó desde su encarnación hasta las tribulaciones del calvario: porque Ella era la Madre del Redentor y quería colaborar en la redención de los hombres.
A Jesús por María, es también una consigna de vida espiritual.
ORACIÓN:
¡Virgen Madre de Jesús! Tú fuiste fiel compañera de tu Hijo. Con Él compartiste el destierro de Egipto, las alegrías de Caná, las angustias del Calvario. Intercede por nosotros, para que seamos fieles seguidores del Señor. Que no abandonemos nunca su Evangelio; que en los dolores y alegrías, en gozos y esperanzas, sea siempre Jesús nuestro hermano Salvador, y Tú, nuestra Madre amable de todo momento. Amén.
Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Dios te salve María…

DÍA SEXTO
LOS DOS CORAZONES
REFLEXIÓN:


Qué bello emblema de la Medalla Milagrosa son los dos corazones; el de Jesús, coronado de espinas; el de María traspasado por una espada. No fue fácil el papel de María en su acompañamiento de Jesús. Tuvo que sufrir y esperar, tuvo que creer en la penumbra de la fe. Pero hizo frente a la vida con ánimo inquebrantable; se entregó a Dios, cuyo amor no defrauda.
ORACIÓN:
¡Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa! Mil peligros acechan a tus hijos; por experiencia humana Tú lo sabes. Mira el sufrimiento de tantos de nosotros; mira el dolor sin alivio de tantas mujeres; mira el abatimiento de tanta gente cansada, alcánzanos tu fortaleza para afrontar las tribulaciones. Que por tu intercesión, Virgen de la Pascua, nuestras penas sean redentoras, asociadas al Corazón de tu Hijo amado. Amén
Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Dios te salve María…

DÍA SEPTIMO
MARÍA Y LA IGLESIA
REFLEXIÓN:


Un gran signo apareció en el cielo: una mujer coronada de estrellas. Así aparece la Virgen de la Medalla Milagrosa. Ella es la Mujer, signo de la Iglesia, Nuevo Israel. Esa Iglesia cimentada sobre el fundamento de los doce apóstoles. María es Madre de esta Iglesia Santa: estuvo en el nacimiento en Pentecostés; ella sigue interesándose en las vicisitudes de este pueblo de Jesús, peregrino hacia la gloria.
ORACIÓN:
¡Oh María, Madre de la Iglesia! Bendito sea Jesús que te quiso al lado de los doce Apóstoles, sus discípulos; bendito porque te quiso Madre de la Iglesia naciente. Ayúdanos, Señora, a amar a la Iglesia que tu Hijo adquirió con el precio de su sangre. Ayúdanos también a apreciar esta Iglesia doméstica que son nuestras familias. Reafirma nuestra fe; concédenos una esperanza victoriosa; enséñanos a amar a nuestros hermanos de toda la tierra. Amén.
Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Dios te salve María…

DIA OCTAVO
LA MEDALLA, SIGNO DE AMOR
REFLEXIÓN:


María prometió muchos favores para quienes llevaran la Medalla al cuello. La Medalla no es un amuleto que da la ilusión de ser preservados de males; es más bien un signo de amor confiado. Es signo del amor de María hacia nosotros y de nuestro amor confiado hacia Ella. La Medalla no nos dispensa de nuestro esfuerzo humano; significa más bien el apoyo amable de María a esos esfuerzos.
ORACION:
¡Santísima Virgen María! Ya que nos has traído la Medalla como signo de tu solicitud maternal, concédenos sinceridad para llevarla. Que sea muestra de nuestro amor que en Ti confía. Que Tú nos puedas mirar como verdaderos hijos tuyos, a quienes llevamos esta Medalla con humildad y confianza. Amén.
Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Dios te salve María…

DIA NOVENO
LA MEDALLA, SIGNO DE ESPERANZA
REFLEXIÓN:


Severos eran los peligros que amenazaban a Francia en 1830, año de las apariciones de María a Santa Catalina de Labouré. María prometió protección para sus hijos devotos. El pueblo creyó a María; millones de medallas han sido acuñadas; muchos milagros han regocijado el corazón humano: conversiones, gracias especialísimas…
Llevemos nosotros confiadamente esta Santa Medalla; creamos en el poder infinito de Dios; confiemos en la intercesión maternal de María.
ORACION:
¡Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa! Una vez más te agradecemos el habernos querido revelar tu Medalla; te alabamos por tu intercesión siempre solícita. Continúa siendo para nosotros Señora, un signo de esperanza.
Que esta novena, celebrada con amor, nos atraiga la bendición de Jesús, nuestro hermano. Y que después de nuestras luchas, podamos contemplar junto a Ti, llenos de gozo, el rostro de tu Hijo amado. Amén.

NOVENA DE CONFIANZA


¡Oh María!...
En tus manos pongo esta súplica.
Bendícela. Después preséntala a Jesús.
Haz valer tu amor de Madre y tu
poder de Reina.
¡Oh María!...
Cuento con tu ayuda. Confío en tu poder.
Me entrego a tu voluntad.
Estoy seguro de tu misericordia.
Madre de Dios, Madre mía, ruega
por mí.
¡Oh María concebida sin pecado! Ruega por nosotros que recurrimos a Ti.


VII. ORACIONES

ORACIÓN DE SAN JUAN PABLO II A LA VIRGEN MILAGROSA

Casa Madre de las Hijas de la Caridad - 31.V. 1980— París

Oh María concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Ésta es la oración que tú inspiraste, oh María, a santa Catalina Labouré, y esta invocación, grabada en la medalla la llevan y pronuncian ahora muchos fieles por el mundo entero. ¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! ¡El Poderoso ha hecho maravillas en ti! ¡La maravilla de tu maternidad divina! Y con vistas a ésta, ¡la maravilla de tu Inmaculada Concepción! ¡La maravilla de tu Fiat! ¡Has sido asociada tan íntimamente a toda la obra de nuestra redención, has sido asociada a la cruz de nuestro Salvador!


Tu corazón fue traspasado junto con su Corazón. Y ahora, en la gloria de tu Hijo, no cesas de interceder por nosotros, pobres pecadores. Velas sobre la Iglesia de la que eres Madre. Velas sobre cada uno de tus hijos. Obtienes de Dios para nosotros todas esas gracias que simbolizan los rayos de luz que irradian de tus manos abiertas. Con la única condición de que nos atrevamos a pedírtelas, de que nos acerquemos a ti con la confianza, osadía y sencillez de un niño. Y precisamente así nos encaminas sin cesar a tu Divino Hijo.


Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio del designio de salvación actuado por tu Hijo. Te pedimos que por medio del Espíritu Santo la fe se arraigue y consolide en todo el pueblo cristiano, que la comunión supere todos los gérmenes de división, que la esperanza cobre nueva vida en los que están desalentados. Te pedimos por los que padecen pruebas particulares, físicas o morales, por los que están tentados de infidelidad, por los que son zarandeados por la duda de un clima de incredulidad, y también por los que padecen persecución a causa de su fe.
Te confiamos el apostolado de los laicos, el ministerio de los sacerdotes, el testimonio de las religiosas.

ACORDAOS
San Bernardo de Claraval

Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Ti acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Ti. Oh madre de Dios, no deseches mis súplicas, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.

BENDITA SEA TU PUREZA


Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza. A Ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Amén.

BAJO TU AMPARO
Año 250 P. C.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.

A NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA
P. Luis Eduardo Quiroga; c. m.

¡Bendita seas porque en la gloria de tu Hijo intercedes poderosa en favor de los hijos peregrinos!
¡Bendita seas porque, con tu planta inmaculada sobre un mundo que lucha contra el mal, nos inspiras confianza!
¡Bendita seas porque los rayos de tus dones iluminan, para un nuevo amanecer, los caminos del Pueblo que recibiste como herencia!
Un sí a la vida y al llamado de Dios te hizo posible compartir nuestros riesgos, acompañar al Hijo perseguido y saber por experiencia qué es un corazón traspasado pero abierto a la esperanza.
También nosotros, entre alegrías y tribulaciones, vamos peregrinando con anhelos de liberación definitiva. Virgen de la Pascua, necesitamos tu ayuda!
Coronada de doce estrellas acompañas a la Iglesia en un nuevo Pentecostés. Continúa enseñándonos, Señora, la docilidad al Espíritu, el gozo del amor y la alegría del servicio.
Nuestra Señora de los pobres: tu nueva presencia en la historia no fue para los sabios de este mundo, sino para la humilde Catalina Labouré.
Sigue manifestándote, Madre de los sencillos, que son muchos los hambrientos de pan y muchos los sedientos de justicia. Amén.

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN
A LA MILAGROSA

Postrado ante tu presencia, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, y después de saludarte en el gran misterio de tu concepción inmaculada, te elijo, desde ahora para siempre, por mi Madre, Abogada, Reina y Señora de todas mis acciones y Protectora ante la majestad de Dios. Yo te prometo, Virgen purísima, no olvidarte jamás, ni tu veneración, ni los intereses de tu gloria, a la vez que te prometo también promover en los que me rodean, tu amor. Recíbeme, Madre tierna, desde este momento y sé para mí el refugio en esta vida y el sostén a la hora de la muerte. Amén.

PARA OBTENER UNA GRACIA ESPECIAL


¡Oh María, consuelo de cuantos te invocan! Escucha benigna la confiada oración que en mi necesidad elevo al trono de tu misericordia. ¿A quién podré recurrir mejor que a ti, Virgen bendita, que sólo respiras dignidad y clemencia, que dueña de todos los bienes de Dios, sólo piensas en difundirlos en torno tuyo?
Sé pues mi amparo, mi esperanza en esta ocasión; y ya que devotamente llevo tu Medalla Milagrosa, prenda inestimable de tu amor, concédeme, Madre Inmaculada, concédeme la gracia que con tanta insistencia te pido. Amén.


PARA OBTENER LA CONVERSIÓN DE UN PECADOR


Oh Virgen Inmaculada, verdadera guía por donde pueden los pecadores llegar a Cristo único camino que nos lleva al Padre. Muéstrate bondadosa en la conversión de este pecador que eficazmente encomendamos a tu patrocinio; ilumina su inteligencia con los rayos de luz divina que proyecta tu Medalla, para que conozca la vida peligrosa que lleva, el inmenso vacío en que vive alejado de Dios; y, sobre todo, deja sentir tu influencia sobre su corazón para que vuelva a Dios su Padre amoroso, y a ti, tierna y cariñosa Madre. Tiéndele tu mano ¡oh Virgen Purísima! apártalo del cautiverio del pecado, libéralo de las tinieblas en que yace y condúcele al reino de la luz, de la paz y de la divina gracia Amén.

PARA OBTENER LA CURACIÓN DE UN ENFERMO


Oh María, sin pecado concebida, cuya inmensa bondad y tierna misericordia no desatiendes nuestras súplicas ante las limitaciones que nos viene por la enfermedad. ¡Oh Madre piadosa, a quien la Iglesia llama ¡Salud de los enfermos! Aquí me tienes implorando tu favor. Lo que tantos afligidos obtenían por la palabra de tu Hijo Jesús, obténgalo este querido enfermo, que te recomiendo, mediante la aplicación de tu Medalla. Que su eficacia, tantas veces probada y reconocida en todo el mundo, se manifieste una vez más: para que cuantos seamos testigos de este nuevo favor tuyo, podamos exclamar agradecidos: La Virgen por medio de La Medalla Milagrosa le ha curado Amén.

ORACIÓN EN LAS DIFICULTADES


Virgen María, madre de misericordia con confianza te dirijo mi mirada filial: yo sé y creo, que me acompañas en las pruebas, como lo hacías con Jesús, en el camino del calvario.
Cuando mi cruz sea dura, ayúdame a llevarla y a no perder las fuerzas: Virgen Milagrosa, madre nuestra intercede por mí y por todos aquellos que están en la aflicción.
Que por tu intercesión, Jesús tu hijo, nos llene de paz y nos guarde en la esperanza. Amén.

PARA DAR GRACIAS POR UN FAVOR RECIBIDO


¡Oh dulce y gloriosísima Virgen María! He dirigido mis humildes súplicas ante tu trono, y he conocido por experiencia que nunca se te invoca en vano; que tus ojos miran complacidos a quien en tu presencia se postra; que tus oídos están atentos a nuestras plegarias; que tus manos vierten bendiciones a torrentes sobre el mundo entero, y en particular sobre los que llevan con confianza la Medalla Milagrosa. ¿Cómo pagarte, Madre Inmaculada, tanto favor? De ningún modo mejor que proclamando tu bondad y difundiendo por todas partes tu bendita Medalla, como me propongo hacerlo desde este día en testimonio de mi agradecimiento y de mi amor. Dame gracia, Madre mía, para llevarlo a cabo. Amén.

ORACIÓN DE AGRADECIMIENTO A SANTA CATALINE LABOURÉ
Sor Ana Prévost, H.C.

Santa Catalina, día tras día, tú has querido vivir simplemente, pobre en medio de los pobres, para ser hermana de todos. Sirviendo en lo cotidiano, tú no tienes miedo de cansarte de hacer el bien, de repetir los gestos que desgastan el cuerpo.
Con el corazón lleno de humildad y de paciencia, tú sabes acoger con dulzura a otros. No te crees más que los otros, tú sabes admirarlos y aprendes de ellos. Al lado del altar, encuentras la fuerza de seguir y de cumplir tu trabajo de todos los días sin ir adelante ni hacerte sentir.
En la oración, tú confías simplemente todo a Dios, las alegrías y las dificultades encontradas a lo largo del día.
Gracias, Santa Catalina, por todo eso que haces. Tú, la hermana de las personas sencillas como yo, que pueda aprender y a seguir tus pasos.

 

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