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Segundo Día Novena Milagrosa 2017

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ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Dios! Eternamente misericordioso, que en tu inmensa bondad has revelado a los hombres tu amor por medio de Tu Hijo, enviado en la plenitud de los tiempos para predicar el Reino de justicia y bondad, concédenos la gracia que al ejemplo de tu Hijo podamos ayudarte en la construcción de un mundo más humano y más justo.

Te pedimos que orando con fe esta novena podamos abrir nuestro corazón a la gracia de ser amados y que aquellos que portamos la Medalla Milagrosa, signo de esperanza en medio de las contrariedades del mundo, podamos alcanzar las promesas de Cristo y practicar con los demás el amor fruto de una espiritualidad encarnada.

Padrenuestro.
Gloria.

ORACIÓN A LA VIRGEN MARÍA

Madre de la Esperanza. La dulzura de tu mirada nos acompañe en esta novena que dirigimos en tu honor bajo la advocación de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios.

Queremos de tus manos prodigiosas, recibir esos rayos de misericordia infinita que tu derramas sobre tus hijos, queremos que repitas en nosotros las promesas a santa Catalina Labouré de recibirte en nuestras vidas, como lo hizo el discípulo del amor, quien te recibió a nombre de toda la Iglesia, para que hagas historia con nosotros y poder encarnar el rostro de Cristo misericordioso en medio de los pobres y de los que sufren. Haznos dignos de contemplar el rostro de la misericordia de tu Hijo Jesús. Amén.

- Oh María sin pecado concebida
- Rogad por nosotros que recurrimos a vos

GOZOS

Respuesta: puede ser el estribillo de una canción o la jaculatoria (Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que acudimos a ti.)

Madre Milagrosa, de ternura y compasión
Que haciendo historia en la salvación
Vas caminando siempre con tu pueblo
Que a ti clama en la aflicción.

En mil ochocientos treinta,
En Francia Calle del Bac,
A una pobre novicia,
La virgen santa se apareció.
Eran vísperas de San Vicente
Noche silenciosa de julio
Cuando la Madre dejó su trono
Y en una pequeña capilla se presentó.

Siendo la media noche
Un Ángel se apareció
Para darle un anuncio
De parte de la Madre de Dios.
Las luces se iban prendiendo
Las puertas se iban abriendo
Y al llegar a la capilla la hermana ansiosa la esperó.

La voz del cielo anunciaba
Que la madre llegó.
La sede sacerdotal
Con humildad ella ocupó.
La hermana Catalina
Sus manos colocó
En las piernas de la Madre
Y misión ella le encomendó.

En una mañana de Noviembre
Los sentidos no lo percibieron
Pero un corazón atento
Nuevamente a la Madre observó;
Las insignias de la medalla
Que Catalina vio, se han convertido
En fuente de milagro y amor.

“Haz acuñar una medalla”
La Virgen le pidió
Para ser portada por los fieles
Con gran devoción.
Madre Santa, tu gran
Medalla es emblema de tu amor,
Hoy nosotros la portamos
En señal de filiación.

Sea por Jesús, sea por María
Sea por el ejemplo de los santos que nos guían.
Y que por la Medalla Milagrosa
Alcancemos la gracia de convertir
Nuestros dolores en alegrías.

SEGUNDO DÍA
La Medalla signo de FE.

Símbolo: La jaculatoria “Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti”. La ponemos alrededor de uno de los óvalos del día anterior. 

Lectura del Texto Bíblico: Lucas 1, 26-33

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
Palabra del Señor.

Reflexión:

¿Cómo entender el dogma de la Inmaculada Concepción? María repitió en Lourdes “Yo soy la inmaculada” en el año 1858, pero su identidad en 1830 ya estaba revelada en la hermosa oración que encontramos en la Medalla Milagrosa. El papa Pio IX, consideraba la Medalla como un preanuncio que le dio la certeza para proclamar solemnemente el dogma de la Inmaculada en 1854.

María es inmaculada, porque en su ser no había mancha alguna, porque su corazón no estaba marcado de injusticias, porque vivía sencillamente su fe, en la pobreza de un hogar de Nazaret, un pueblo en las periferias predominantemente campesino; ella la mujer sencilla de Nazaret supo contemplar el paso de Dios por su vida, que la llamaba a entregarse por entero al llamado urgente de Dios al mundo, que reclamaba la ternura de una mujer capaz de forjar en su Hijo los valores que estaban impresos en su corazón.

Por eso ella es bendita entre las mujeres, ella enseña en silencio a la humanidad a tener fe en la Palabra de Dios en medio de las dudas. La fe de nuestra Madre nos llama a nosotros a creer que ella nos enseña mejor que ningún otro el camino fiel y seguro que nos conduce a hacer las obras que Jesús predicó y practicó. Su medalla es fe en medio de las tribulaciones del mundo actual.

Explicación del Signo:

La Jaculatoria, es la oración que la Santísima Virgen María le enseñó a Santa Catalina Labouré, en ella se contiene el misterio de la Inmaculada Concepción, dogma de la Iglesia Católica que para 1830, aún no se había aprobado. Más tarde el Papa Pio IX, en la bula “Ineffabilis Deus” proclamaría oficialmente la Inmaculada Concepción de la Virgen María el 8 de diciembre de 1854.

Preguntas para reflexionar:

• ¿De qué manera concreta manifestamos nuestra fe a los demás?

• ¿Qué dificultades encontramos a la hora de llevar a otros el mensaje de Cristo? ¿Qué nuevos desafíos hay para la Evangelización?

Actividad (para grupos pequeños):

Cada participante elaborará una cruz de papel, y en ella colocará lo que más significa para él su relación con Jesucristo.

ORACIONES FINALES

(Se sugiere escoger alguna de las que presentamos a continuación)

Consagración al Hogar:

¡Oh Virgen María! A tu corazón inmaculado consagramos hoy nuestro hogar y todos los que lo habitan.
Que nuestra casa sea, como la de Nazaret, morada de paz y de felicidad por el cumplimiento de la voluntad de Dios, por la práctica de la caridad y por el perfecto abandono a la Divina Providencia.
Vela sobre cuantos lo habita; ayúdales a vivir Cristianamente; cúbrelos con tu protección maternal y dígnate, ¡Oh Bondadosa Virgen María! Formar de nuevo en el cielo este hogar que en la tierra pertenece por entero a tu Corazón Inmaculado. Amén

Oración a la Virgen Milagrosa:

Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa, que te manifestaste a Santa Catalina Labouré como mediadora de todas las gracias, atiende a mi plegaria.
En tus manos maternales dejo todos mis intereses espirituales y temporales, y te confío en particular la gracia que me atrevo a implorar de tu bondad, para que la encomiendes a tu divino Hijo y le ruegues concedérmela, si es conforme a su voluntad y ha de ser para bien de mi alma.
Eleva tus manos al Señor y vuélvelas luego hacia mí, Virgen poderosa; envuélveme en los rayos de tu gracia, para que a la luz y al calor de esos rayos me vaya desapegando de las cosas terrenas y pueda marchar con gozo en tu seguimiento, hasta el día en que bondadosa me acojas a las puertas del cielo. Amén.

Bendita sea tu pureza:

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza. A Ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Amén.

Salve Regina:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Oremos: Omnipotente y sempiterno Dios, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

Sub tuum:

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.

Acordaos:

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. ¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

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