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¿VOTOS PERPETUOS EN UNA CULTURA DE LO EFÍMERO?

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Por: Andrés Felipe Rojas Saavedra, CM

Es difícil decir sí, y un sí que es para toda la vida, ante lo superficial y pasajero de la sociedad actual en la que vivimos. Siempre que se hablan de los votos, uno se remite directamente al pasaje de san Lucas donde leemos el diálogo entre el Ángel del Señor y la Santísima Virgen María. Y es en el “Fiat” o en el “Sí” de María, del que tanto se ha hablado, donde se inspira todo consagrado para recibir a Jesús y llevarlo a los demás. Pero yo quiero centrar esta pequeña reflexión en sólo dos aspectos: 1. Un sí, sin relativismo y sin añadiduras. 2. Un “Fiat” que cambia los proyectos de vida.

 

“Un sí, sin relativismo y sin añadiduras”

Hoy como sociedad vivimos una crisis de lenguaje, faltamos a la palabra o lo que decimos nunca esta acorde a nuestro actos, decimos constantemente sí condicionales, cuando se presentan crisis o problemas no somos capaces de mantenernos en la palabra dada, hoy decimos sí, mañana decimos no, y no nos da si quiera vergüenza ser faltos de palabra, es terrible, escandaloso esa falta que cometemos constantemente contra los demás y contra Dios mismo, son muchos años de preparación y discernimiento para irnos haciendo conscientes que el sí que estamos dando no es relativo, sino ad-aeternum. Por eso la infidelidad a los votos, y la deserción de muchos sacerdotes, religiosos y religiosas a sus compromisos son síntoma de una sociedad que no es capaz de mantener la palabra dada.

El sí de María nos recuerda, que a pesar de las adversidades, uno debe mantenerse en pie incluso en los momentos de cruz, hoy queremos consagrados capaces de ser consecuentes y entregados a los pobres; por supuesto que constantemente sufrimos caídas, tristezas y agotamientos, pero para quién a Dios tiene, no hay problema que impida su realización humana. No queremos hombres y mujeres cobardes que se amedrantan ante una decisión tomada.

Un “Fiat” que cambia los proyectos de vida.

El “Hágase en mí, según tu palabra” (Fiat voluntas tua) es ante todo un vaciar de nosotros el proyecto personal y dejarnos llenar por el proyecto del Señor en nuestra vidas, nada fácil en un mundo donde pretendemos usar la “Libertad del siglo XXI” para hacer nuestros propios caprichos y vivir conforme a los parámetros capitalistas y consumistas que nos han convertido en objetos de consumo. Cuando dejamos que Dios gobierne, aplazamos nuestros proyectos, o más bien los dejamos a un lado, porque hemos conocido un proyecto más grande, más exigente, más fascinante que el que teníamos planeado.

De María aprendemos la docilidad al proyecto divino, ella pudo presentar muchos obstáculos para que la obra de Dios no se realizará en el tiempo y en el modo que Él le proponía. Uno puede llegar a pensar que María hubiera dado muchas respuestas diferentes al Ángel, cómo por ejemplo: soy demasiado joven, no quiero estar embarazada, no puedo soportar las críticas, que dirán las vecinas, puedo resultar lapidad por mi pueblo, etc. Pero los temores de la Santísima Madre resultaron iluminados por una confianza en Dios y no en sus propias fuerzas. El Papa con 81 años tiene una fuerza que sorprende al mundo, porque su edad no le impide moverse y actuar con tanta cercanía y amor que mueve los corazones al Señor.

Los seminaristas que están en camino, o los jóvenes y las jóvenes que se están sintiendo llamados por Dios a los caminos de la vida consagrada en la Congregación de la Misión o en las Hijas de la Caridad, deben tener como norma de vida, que una vez entramos dejamos a un lado nuestro proyectos personales, nuestras ambiciones, nuestros propios beneficios e inclusive nuestra familia, porque nos vamos configurando con un proyecto mucho más alto, que por más que logremos alcanzarlo nunca lo vamos a lograr en plenitud, porque el misionero nunca deja de moverse en sintonía con el Señor.

Los 4 votos de la Congregación de la Misión, a saber los tres primeros votos son los llamados consejos Evangélicos (son los usados casi por todas las sociedades de vida apostólica y los institutos de vida consagrada) y se busca mediante ellos imitar la vida de Nuestro Señor Jesucristo que vivió casto, pobre y obediente al Padre, el cuarto (o el primero para San Vicente) es el voto de estabilidad, que nos invita a vivir y morir dentro de la Congregación de la Misión para el bien de los pobres a quienes se les sirve en la misión. Con los votos definitivos el misionero queda incorporado al instituto con pleno uso de derechos y deberes. Los votos son la respuesta de amor, que el consagrado dirige a Dios, es una “eucaristía” donde se ofrece el propio cuerpo, se le entrega completamente a Jesucristo, y él, el “buen esposo” entra de modo más especial en la vida personal y empiezan a construir juntos un proyecto de vida que va más allá de la muerte.

 

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Tags: San Vicente de Paúl,, Congregación de la Misión,

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