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Visión Antropológica del Hombre recreado a la luz del Apocalipsis

Por: ANDRÉS FELIPE ROJAS SAAVEDRA

Presentado a: Prof. Oscar Arango Álzate

RESUMEN:

“Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya. Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo”.
Ap. 21, 1-2
Con este fragmento del texto bíblico del apocalipsis, se abre un pregunta fundamental a la hora de ahondar sobre este pasaje ¿Cuál es la novedad en esos cielos y tierra nueva? ¿Qué tipo de hombre surge en esa experiencia? Y ¿está entre la comunidad de hoy ese cielo y esa tierra nueva? Para muchos el texto bíblico habla de un final escatológico, donde el Armagedón, la destrucción final, acaba con el mal del mundo y los buenos empiezan una nueva civilización, en verdad es necesaria una ruptura entre las potencias de este mundo y la nueva conciencia del resucitado; pero Dios es quien recrea sobre los viejo, para hacerlo todo nuevo, tomando la figura del viejo Adán, expulsado del paraíso, para representarlo con el nuevo Adán, Cristo, saliendo victorioso del sepulcro y entrando con el pueblo redimido a esa nueva civilización que se gesta en medio del mundo. Esta articulo emanado de una lectura del Apocalipsis, quiere presentar la propuesta de reflexión teológica en tres puntos: El contexto histórico y la contextualización, La Nueva Creación en Cristo y finalmente Caminando hacia ese cielo nuevo y esa tierra nueva.

 

PALABRAS CLAVES:


Cielos nuevos tierra nueva: se puede entender como la ejecución del proyecto de Dios para el mundo, donde la nueva creación emana de los hombres redimidos por Cristo en la cruz y comienzan la construcción del Reino de Dios en la tierra, donde tienen parte los excluidos y los pobres y donde el compromiso de todos es el bienestar de la comunidad en general. Muchas veces puede entenderse como la promesa después de la destrucción final del mundo, o cómo algo meramente escatológico, que aún no ha llegado.

Antropología: la antropología en la Biblia es el estudio de la naturaleza del hombre su origen, su caída, y su redención en el marco de la cosmovisión bíblica. En esta lectura del libro del apocalipsis, se busca la identificación de las figuras antropológicas que se reflejan en las descripciones míticas y en la simbología de los acontecimientos que se presentan en el texto bíblico.

Resucitado: no es sólo el acontecimiento histórico del regreso de Cristo del lugar de los muertos, y del comienzo de su nueva vida en total plenitud, sino que es la respuesta de Dios frente a la muerte, es la seguridad de quienes han entregado su vida por la causa del Reino, reciben la plenitud de la vida en el acontecimiento cotidiano de la resurrección, que se puede entender también como un nacer de nuevo, renunciando a las figuras caducas del pecado y empezando una nueva vida en Cristo.

Hombre nuevo: La figura del hombre nuevo, con características específicas, son la esencia fundamental del cristiano que asume como suya la figura de Cristo y se hace así mismo con la misión del Hijo del Hombre, asumiendo el rostro misericordioso del Padre, para que quien lo vea refleje el rostro de Dios. Dios se hizo hombre y el hombre puede asumir y entender su misión en el mundo asumiendo su antropología con el rostro divino.
Imperio: este término no sólo se puede limitar al imperio reinante, es decir el romano, sino de toda clase de gobierno que excluye, destruye y pasa por encima de la dignidad de las personas, estos “Imperios” son representados con las bestias. “El Apocalipsis es cólera y castigo para los opresores, pero buena noticia (Evangelio) para los excluidos y oprimidos por el Imperio de la Bestia… El Apocalipsis es la Revelación de Dios en el mundo de los pobres, oprimidos y excluidos.” (Richard, pág. 5) Y la bestia es un representación mítica, que no quiere ocultar la verdadera imagen, es decir el rostro humano, sino que “cumple asimismo la función crítica de desenmascarar la realidad: al Imperio le llama Bestia, y a Roma la trata como prostituta.” (Richard, pág. 30)

VISIÓN ANTROPOLÓGICA DEL HOMBRE RECREADO A LA LUZ DE APOCALIPSIS 21 (1-2)

1. INTRODUCCIÓN:

Para presentar la novedad del Reino es clave entender que todo parte de la experiencia de los Galileos con el Resucitado, que no se han quedado mirando al cielo «Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.» (Hechos 1, 11) su ida al Padre, no fue un apartarse de la creación, sino de una inmanencia que se prolonga en la eternidad.
En Cristo resucitado, toda la creación resucitó, la novedad del cristianismo irradio de tal manera sobre lo antiguo, que lo transformó; La legendaria cena donde se partió el pan y el vino se convirtió, en la pequeña comunidad cristiana, sacramento de Cristo, cuerpo y sangre; la ley y los profetas fueron resignificados en la persona de Jesucristo, y alrededor de la comunidad cristiana los dichos, los acontecimientos y los milagros de Jesús empezaron a ser recordados con más intensidad para hacer vivo el mensaje del Mesías.

La novedad de la nueva alianza rompe toda frontera, recrea y genera nueva vida “yo hago nuevas todas las cosas” , la promesa de Dios de crear todo nuevo viene desde antiguo, los profetas anunciaron la llegada de un nuevo David que restablecería el reino de Israel, y en paralelo al texto Bíblico del Apocalipsis se encuentra en Isaías “miren, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; de lo pasado no quedará recuerdo ni se lo traerá a la memoria, más bien gócense y alégrense siempre por lo que voy a crear” .

Ante todo la nueva creación es Reino de Dios, un acontecimiento novedoso en el plan divino de la salvación, la justicia social para todos, Dios mismo “enjugará las lágrimas de los rostros y alejará de la tierra la humillación de su pueblo” , donde no habrá “muerte, ni pena, ni llanto, ni dolor” Este Reino no es distante, sino que está aquí en la tierra “no dirán: míralo aquí o míralo allá. Pues está entre ustedes” , en medio de los hombres y mujeres de buena voluntad, es un Reino inminente, cuyo momento se ha cumplido “y está cerca el reino de Dios. Arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia” , por lo tanto ha llegado el tiempo de hacer justicia “me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor” .

El inicio de la nueva creación, dice Wikenhauwer en su libro sobre el Apocalipsis es “una transformación del mundo actual, que vendrá como consecuencia al iniciarse la era de salvación… se concibe como la transformación del mundo antiguo después de haber caído en el caos” (Wikenhauwer, 1969, pág. 255) el caos del mundo y su respuesta violenta frente a las injusticias, dio lugar al movimiento no violento, a la civilización del amor que partió de Jesús Resucitado.

La comunidad de creyentes tenían un mismo corazón y se comparten sus bienes, es la característica fundamental de esa comunidad como lo recuerda el Libro de los Hechos, esa peculiaridad de los cristianos llamaba la atención a los no convertidos, y la atracción por este nuevo estilo de vida, hacía que la comunidad de cristianos creciera notablemente, hoy la lucha frente al individualismo y la desconfianza, hace que muchos llamados cristianos vivan como si no lo fueran, y la duda actual frente al mundo cristiano ya no es porque son testimonio de unidad, sino que difieren entre si y su testimonio muchas veces no es verdadero. El cristianismo actual en muchas partes del mundo, se ha quedado con los “pellejos viejos” y han echado a perder el vino nuevo de la tradición que han recibido.

La comunidad de mártires, que fieles al bautismo que han recibido, conforman la comunidad que choca frente al poder de este mundo, y la resistencia no violenta, la denuncia frente a los movimientos crueles que desplazan a los pobres a las periferias, la tierra en manos de los dragones, las bestias y la idolatría, son algunas de las características que se personifican en el libro del apocalipsis, a continuación se presentará ese contexto histórico.

2. CONTEXTO HISTÓRICO DEL LIBRO DEL APOCALIPSIS:

Para muchos el libro del apocalipsis no deja de ser algo caótico y aterrador, pero más allá de anunciar un eminente fin, es el mensaje esperanzador para los cristianos perseguidos de finales del siglo primero. La épica narración, que a lo largo del tiempo ha tenido múltiples interpretaciones, no deja de ser usada para falsas alusiones a acontecimientos del presente, y no es para más, ya que las cualidades de los personajes y bestias pueden ser atribuidas fácilmente a dictadores, gobiernos, religiones, profetas, etc de todos los tiempos.

Los acontecimientos catastróficos y cosmológicos se unen al enigma, “de ahí que este libro necesite no sólo una explicación, como los demás libros del Nuevo Testamento, sino también una interpretación de las figuras que contiene, de suerte que el lector reciba una orientación para comprender qué acontecimientos futuros están representados en él” (Wikenhauwer, 1969, pág. 33)

Tradicionalmente se le ha atribuido la autoría del Libro al apóstol San Juan, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago, el mismo del cuarto Evangelio y las tres cartas que llevan su nombre, la fecha de composición es alrededor de los años 70 de la era cristiana, mientras el visionario se encontraba exiliado en la isla de Patmos. Autores patrísticos como: San Justino, Ireneo de Lyon, Tertuliano, Clemente de Alejandría y Orígenes, entre otros, sostienen esta teoría. Pero pronto en el siglo III ya se dudaba de esta atribución, entre ellos el obispo de Alejandría, Dionisio, quién pensaba que podía tratarse de otro personaje y no del apóstol. Pero en la actualidad ya casi nadie atribuye el texto sagrado al Apóstol Juan, sin embargo, gracias a la forma de escritura, la lengua utilizada, las citas y referencias al libro de Ezequiel, se puede vislumbrar los rasgos del autor, y considera que existen muchas diferencias en relación a los demás textos jónicos: “El estilo del Apocalipsis es enteramente característico; el autor escribe en griego, pero es evidente que piensa en hebreo; a veces, y como sin darse cuenta, traduce literalmente al griego expresiones hebreas” (buscar palabras)

En relación al lugar y fecha de la composición, es tanto igual de enigmático al personaje que lo escribe, se puede sostener que de ser escrito por un cristiano de la segunda generación, el texto pudo haberse escrito entre los años 94- 95, con más seguridad al finalizar el reinado de Domiciano “el primer emperador que reclamo para sí honores divinos” (Wikenhauwer, 1969, pág. 33) es un proceso redaccional que termina con Diomisiano finales del primer siglo.

El Apocalipsis es ante todo un libro profético, que enlaza perfectamente con las tradiciones judías, de anunciar y denunciar mediantes signos y símbolos apocalípticos los acontecimientos presentes, es decir no es un escrito que tenga como esencia la predicción del pasado, del futuro o de narrar el Armagedón. Este libro pone de manifiesto la lucha de unas comunidades cristianas frente al poderoso imperio Romano y el sometimiento de otras tantas comunidades a él; las crueles persecuciones que llevaron al martirio a eso cristianos fieles, vislumbran la realidad social y política en la que se desarrolla la visión escatológica de Juan.

Por lo tanto dentro del contexto social el apocalipsis es escrito desde los perseguidos a causa del Evangelio: “la literatura apocalíptica es "una literatura de hombres oprimidos" (Richard, pág. 22), que resisten los poderes opresores del imperio. Se puede incluir a esto que Juan, el autor a quien le atribuyen el texto sagrado, narra acontecimientos de persecución a mano de los romanos, algunos atribuyen ciertas características a Nerón que es de años atrás, como a Domiciano que es de la misma época del final del escrito apocalíptico.

El apocalipsis es tambien fruto de una larga trayectoria de escritos en tensión escatólogica que estan desde la época del exilio, se pueden encontrar rasgos, signos y específica teología de esta corriente presente en los textos canónicos de Daniel y de Ezquiel y no canónicos en toda la tradición de los libros de Enoc; pero en la comunidad cristiana hay un gran fervor por los movimientos proféticos, como lo escribe Pablo Richard citando a J.G. Dunn: “el cristianismo comenzó como una secta escatológica dentro del judaísmo, una secta que en su apocalipticismo estaba en substancial continuidad con los mensajes de Juan Bautista y Jesús” (Richard, pág. 13)


3. LA NUEVA CREACIÓN EN CRISTO:

El “sepulcro vació”, fue la certeza para los apóstoles que la nueva creación había comenzado, atemorizados y con las puertas cerradas por temor a los judíos, impedía en ellos anunciar la llegada del Reino, abrumados y deseosos de no tener un final trágico como el de su maestro, pero fue el acontecimiento del Cristo Resucitado quien infundio en ellos el Espíritu de valentía capaz de hacerlos salir de sí mismo para comunicar la noticia transformadora y liberadora.

Cristo ha recreado, en la resurrección de cristo esta la resurrección de la historia, surge la verdadera vida. El Cristiano cuando hace suyo el mensaje de Cristo se abre a una nueva perspectiva es decir todo lo mira diferente. La norma de conducta para el cristiano está fundamentada en el amor al prójimo, una respuesta no violenta frente a las contrariedades que presenta el mundo, la vida nueva esta representada en la Jerusalén celeste, donde hombres y mujeres puedes ser conscientes de la nueva creación y convertir esta existencia con una respuesta ética que transforma y renueva.

La victoria del cordero degollado, es precisamente la resurrección, y entrando al corazón mismo del triunfo del Resucitado que se presenta en la conclusión del libro del apocalipsis, donde el primer cielo y la primera tierra pasaron y ha comenzado un nuevo Reino. “cuando el vidente describe… la nueva Jerusalén, se inspira en la visión del reino escatológico de Dios, de Ez. 40-48… se encuentra frente a frente con algo que semeja una ciudad; es el templo del futuro” (Wikenhauwer, 1969, pág. 260)

¿Qué transformo Cristo? No hubo cambio de materia, no surgieron nuevos mundos, y no fueron destruidas las fuerzas del mal. El cambio de Cristo fue mucho más allá de las fronteras del triunfalismo mágico, fue un renacer de nuevo, “quien no nace de nuevo” no alcanza la configuración con el Reino que irrumpió en la historia, restaurando la figura del viejo Adán y uniendo a la humanidad a su propio cuerpo glorificado.

Es necesario el tiempo para que el Reino de Dios se realice en medio de los hombres, por eso la salvación es histórica. Algo que es constante en el libro de la Revelación es esa confrontación entre los verdaderos cristianos y las “bestias”, esa lucha donde unos utilizan tan sólo la fuerza del amor y los otros los mecanismos alienantes y destructores, el triunfo de las víctimas y la resurrección de los hombres y mujeres alienados y destruidos se llama Reino de los Dios.

El Arcángel Miguel, es quien representa a ese pueblo de Dios luchando contra las fuerzas adversas del mundo: “Miguel significa etimológicamente "quien como Dios" (mi-qui-el). Miguel, con sus ángeles, es una figura mítica que representa la fuerza transcendente y espiritual del Pueblo de Dios (cf. Ex. 23, 20-21), que ahora se va a enfrentar a la también fuerza espiritual y transcendente del Imperio, representada por el monstruo y sus ángeles.” (Richard, pág. 105)
Las características que tienen esos cielos y tierra nuevos hallan su significado en las características que el Apocalipsis presenta como las evidencias de la corrupción del mundo:

“El mar no existe ya más (21, 1). La muerte no existirá ya más (21, 4). Llanto, clamor y dolor no existirán ya más (21, 4). Maldición no existirá ya más (22, 3). Noche no existirá ya más (22, 5 y 21, 25). Todas estas frases tienen casi el mismo sentido. Mar y noche tienen aquí un sentido cósmico-mítico. El mar se identifica con el abismo. En 11, 7 y 17, 8 la Bestia sale del abismo. En 13, 1 la Bestia sale del mar. En 9, 1.2.11 y en 20, 1.3 el abismo es un lugar satánico, dónde Satanás es encerrado.” (Richard, pág. 163)

Dios mismo transforma esa realidad de pecado, en ese diálogo reciproco entre Dios y el hombre, Dios llama al hombre y el hombre se esconde de él como en el Jardín del Edén, El hombre le responde con destrucción mientras Dios construye un mundo nuevo, Dios quiere empezar una nueva creación y el hombre se aferra a su mundo de muerte, gobernando sobre los pobres. Pero sin la actuación buena del hombre, cumpliendo el querer de Dios, la salvación no llega a su plenitud.

La destrucción de los paradigmas, de las estructuras de pecado es una tarea del hombre y un mandato de Dios, la construcción de ese Cielo y esa tierra nueva es la invitación del ahora de Dios que invita al hombre a renunciar a las cadenas del pecado, que es la negación del plan de Dios, y participar como creatura en la obra que se recrea, naciendo de nuevo, y ayudando a Dios en la salvación de los demás hombres y mujeres.

4. CAMINANDO HACIA ESE CIELO NUEVO Y ESA TIERRA NUEVA:

El cielo nuevo es una ruptura con el mundo, con el proyecto del mundo que es antítesis del Evangelio, y el Reinado de Dios es la oferta nueva, frente a lo caduco y viejo de este mundo.

Este último apartado es la invitación a estar de frente a esa nueva Jerusalén, sabiendo que no es necesaria la destrucción física de este mundo.
“Jerusalén es nueva, porque en ellos la vida triunfa sobre la muerte, el orden sobre el caos y la luz sobre las tinieblas; la compasión triunfa sobre todo llanto, clamor y dolor; ya no hay maldición alguna. Lo que aquí se transciende no es la materialidad o corporeidad, sino la muerte, el caos, las tinieblas, el sufrimiento, la maldición; sigue habiendo cielo, tierra, ciudad; sigue habiendo historia, pero ahora sin muerte y sin maldición.” (Richard, pág. 164)

La respuesta no violenta genera vida, el compromiso del hombre en esa nueva Jerusalén es conservarla con la conciencia fija de que es un compromiso mancomunado con Dios y con el prójimo. La civilización del amor es posible en cuanto la fuerza de la fe, lleve a la construcción de comunidades unidas entre sí por la caridad y el amor. “lo transcendente puede hacerse visible en la historia porque el cosmos ha triunfado sobre la muerte, el caos y las tinieblas. Vivimos la ciudad terrena, la nueva organización social de la humanidad, en un mundo sin muerte y sin opresión” (Richard, pág. 166)

Es el sueño de la humanidad, privado muchas veces por los anticristos de cada época por aquellos que quieren privar a la humanidad de encontrar la paz y la justicia, aquellos que el mismo evangelio priva del paraíso, porque se han apropiado en vida de los bienes que por derecho le pertenecen a los pobres, son aquellos ricos y poderosos que con intenciones personales quieren apropiarse de la tierra que es de todos.

Sólo con la conversión, con la renuncia a los bienes temporales y la repartición justa, los ricos podrán hacer parte de este Reino, que se gesta y se vive en medio de los pobres. La comunidad de mártires testimonio vivo de la civilización del amor, ellos han respondido con su fe, cuando estaban siendo despojados por los poderes del imperio, que busca a toda costa callar la voz de Dios que clama justicia por los crucificados de este mundo. “Y enjugará toda lágrima de sus ojos, = y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado” (Apoc. 21, v.4) tomar parte por la defensa de los más débiles, y denunciar los movimientos políticos que sólo buscan el poder y llevan a los marginados a las afueras de las ciudades.

Porque los cristianos encuentran con Jesús en la trama de la vida diaria, en los acontecimientos de la vida diaria, pero el rostro de Cristo es el de los hermanos marginados, que tienen el rostro desfigurado, y han perdido la dignidad, ese es el Cristo que busca que el hombre lo conozca y se salve.

4.1. Características antropológicas del hombre nuevo:

La clave para interpretar las características que tiene el hombre nuevo, nos lo ofrece el coloquial diálogo entre Jesús y Nicodemo, quien no entra a hacer parte de la luz, vive en las tinieblas, ocultando su pecado, y es la luz la difuminación con el rostro del Hijo del hombre, la configuración con su persona hace que los hombres hagan suyas sus enseñanzas que estaban cargadas de testimonio, la liberación de los poseídos por el sistema del imperio, la lucha personal contra la avaricia por el dinero y la acumulación de los bienes temporales, el rompimiento con el individualismo y la búsqueda por la conformación de la comunidad ideal donde lo de todos sean de todo, la nueva visión del mundo, donde los que no puedan ver, ni oír, ni hablar por si solos, puedan encontrar en Jesús, la luz para ver, la audacia para escuchar y la fuerza para hablar. Son esas personas humildes y sencillas, los excluidos, los pobres a quien Dios les ha revelado su rostro “te alabo Padre porque has revelado estas cosas a los pobres y sencillos de corazón”

El hombre nuevo, no nace en el pesebre de Belén, allí no comienza propiamente la plenitud del acontecimiento salvífico de Dios con los hombres, es en el momento de la Cruz, donde para Jesús es el cumplimiento de su misión, donde todos los hombres fijaran su mirada en el traspasado y desde allí atraería a toda la creación hacia sí:

“El Gólgota: son los dolores y el tormento del nacimiento del Mesías en la cruz; es el nacimiento del Hombre Nuevo en la cruz. Jesús mismo compara su cruz y resurrección con una mujer que sufre en el parto y se goza por el nacimiento de un niño (Jn. 16, 20-22). Jesús "constituido Hijo de Dios con poder... por su resurrección de entre los muertos" (Rm. 1,4). Se aplica el Sal. 2, 7 donde la consagración del mesías (rey) es como un nacimiento: "Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy". (Richard, pág. 104)

La persecución, el dolor y el sufrimiento de los cristianos, son representado por la mujer que sufre dolores de parto (cf. Apo. 12) y “el parto” da una nueva creatura, el revelarse contra las fuerzas manipuladoras del mundo, es ser talla para quienes con criterios humanos piensan implantar el reino de muerte, quien se revela contra los poderes del imperio, del consumismo y renuncia a idolatrar a la burguesía y la aristocracia, es perseguido, pero en medio de la persecución haya fuerzas para continuar la lucha, porque devela la verdad y descubre en los pobres y excluidos la verdad del Reino.

Se descubre el rostro de ese hombre nuevo en el servicio, en aquel que se ha puesto al final de la fila para servir a todos los que están por delante de él, que renuncia al poder que domina, y utiliza las fuerzas sociales para construir el mundo que sueñan los hombres de buena voluntad, por lo tanto los miembros del

Reino no asumen una dignidad, sino un servicio, no son una jerarquía, donde los hombres nuevos reciben una mesura mayor que los demás miembros, son ante todo una comunidad donde quien recibe un ministerio, recibe una obligación de dar la vida por el rebaño, por eso es “dichoso el administrador fiel y solícito a quien su Señor ha puesto al frente de la servidumbre para que les reparta la ración a su horas”

Construir ese cielo nuevo y esa tierra nueva, es posible mientras en el corazón del hombre está la semilla del Reino, y tenga la capacidad de echar raíces y dar frutos buenos, en una tierra abonada por el mensaje de Jesucristo. Ir al rescate de los pobres y de los excluidos y sembrar con ellos el trigo de la esperanza, sin importar que juntos crezcan cizaña y trigo, pues el Reino de Dios no excluye, sino que quien no asuma la condición nueva, no hace parte de esa nueva creación:
“El capítulo 21 se inicia con dos visiones: Juan ve primero un cielo nuevo y una tierra nueva: un nuevo cosmos o naturaleza; luego ve una nueva ciudad, la ciudad santa Jerusalén: una nueva sociedad o humanidad organizada. Tenemos así el binomio cosmos-ciudad que sintetiza las dos dimensiones de la historia humana: la naturaleza y la humanidad.” (Richard, pág. 164)

5. BIBLIOGRAFÍA

Richard, P. (s.f.). Apocalipsis, reconstrucción de la Esperanza. Colección Bíblica N 65.
Wikenhauwer, A. (1969). El Apocalipsis de San Juan. Barcelona: Editorial Herder.

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